'Verdaderos creyentes', una «radiografía del fanatismo» desde todos los prismas

El catedrático Antonio Rivera coordina un ensayo en el que varios autores analizan la raíz del pensamiento sectario, radical y violento

M. L. MADRID.

«Solemos asociar el fanatismo a las religiones monoteístas, por aquello de exigir obediencia unívoca a un libro o a una jerarquía, pero el fanatismo ni es monopolio de ninguna creencia ni es un fenómeno del siglo XX. Es tan viejo como el ser humano y no es inevitable». Lo destaca Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de País Vasco y coeditor con Eduardo Mateo, de 'Verdaderos creyentes' (Catarata). Es «una radiografía del fanatismo» hecha desde distintos prismas y posicionamientos ideológicos por catorce autores de muy diversas disciplinas que lo «describen, explican, predicen y previenen».

¿Cómo se forja un fanático? ¿Cómo se pasa del pensamiento sectario a la radicalización y la violencia? Son algunas de las cuestiones que plantea y a las que responden «con mirada abierta y crítica» politólogos, médicos, psicólogos, historiadores, antropólogos, periodistas, juristas, letrados, filólogos y sociólogos. Expertos como Aintzane Ezenarro, Ander Gurrutxaga, Edorta Elizagarate, Eduardo González, Eduardo Mateo, Florencio Domínguez, Jesús Prieto, Jesús Loza, Manuel Moyano, María Lozano, Mónica Carrión, Moussa Bourekba o Pedro Rojo.

«Cuando el fanatismo y el terrorismo global actúan, una de sus consecuencias inmediatas es la estupefacción: no sabemos interpretar o entender los objetivos que animan a las personas que llevan a cabo crímenes atroces», plantea Rivera como reflexión de partida.

En una doble perspectiva, ofreciendo herramientas para reflexionar y prevenir, los análisis confrontan el fanatismo y el terrorismo «global» con el «local». «Recordar qué ocurría con los crímenes atroces que se cometían con el terrorismo local nos lleva a pensar que quien es capaz de matar en casa, con una motivación política y un determinado mecanismo mental, se mueve en un contexto social y se vincula a una serie de redes que, básicamente, no son muy distintos de quien mata lejos de casa». «Que los esquemas de pensamiento y las vinculaciones que caracterizaban al terrorismo local, en nuestro caso el de ETA, no difieren en esencia de los mecanismos que operan en las cabezas, las redes y las relaciones de grupo del terrorismo global», agrega.

Pretende evidenciar que «eso que queda tan lejos y nos parece tan descabellado y canalla es, en el fondo, exactamente lo mismo que nos ocurre a nosotros de cerca». «Aunque parece que vemos mejor con el microscopio que con el telescopio, una cosa y otra son básicamente lo mismo», insiste el catedrático vasco. Destaca su interés «por trasladar la experiencia y el aprendizaje que, por desgracia, acumulamos en muchos años de terrorismo local para ver si podíamos poner una piedrecita, aunque sea en términos comparativos, sobre las características del terrorismo global».

El libro toma su título del ensayo en el que Eric Hoffer indagó en 1951 en la naturaleza del «verdadero creyente», el fanático «dispuesto a sacrificar su vida y la de otros por una causa sagrada, una totalidad colectiva o una Arcadia futura».

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