VERBORREA VIAJERA

ERNESTO PASCUAL

Antes de que nos contáramos prácticamente en directo nuestros viajes, vacaciones y aventuras por mensajería directa, otra manera de volver a vivirlos y disfrutarlos era reunirte con los amigos alrededor de un brindis y compartir el relato de cada detalle de esas experiencias que engrandecen. Ese relato feliz y colectivo es lo que ha traído el humorista Santi Rodríguez este fin de semana al cuarto episodio de la Muestra Nacional de Teatro Cómicos de Alfaro. Y lo ha compartido con las cientos de personas que llenaron por completo la sala Florida durante las dos funciones en las veladas de viernes y sábado.

Con frío y cansado llegaba Santi Rodríguez a la sala Florida. Y con el pasaporte como camiseta. Pese a lo agotador de recorrer ese puñado de países y continentes, aterrizaba con ganas de compartir sus experiencias con los espectadores. Un público con el que conectó desde el primer momento a base de ironía, ácidas comparaciones, puñaladas simpáticas y una verborrea sin apenas descanso que atrapó a cada persona en su butaca.

Solo en el escenario, acompañado únicamente de un par de butacas, una mesilla y una pantalla de forma que le apoyó con la proyección de varias fotografías de su viaje alrededor del mundo, Santi Rodríguez toma al espectador de la mano para durante, nada más y nada menos, dos horas llevarle de viaje por todo el mundo. Y entre chascarrillo y chiste, también tuvo espacio y momentos para la reflexión. Como la que sirvió de punto de partida: «Si no viajas, crees que lo tuyo es lo mejor. Viajar abre la mente y aporta experiencias», invitó.

Desde ahí, comenzó su viaje por Portugal, lamentando lo poco visitado por su cercanía. Y comenzó a atacar tópicos en un discurso inagotable, enlazado, sin parar con ingenio. De hecho, agradecía los aplausos para poder hidratar la garganta. Continuó por Canadá, «del que sabemos menos que una miss rusa», saltó a Estados Unidos... Y no dejó de encadenar una historia con otra. Así, nacía de un tópico para abordar todo tipo de temas, como el paso del tiempo, la corrupción política... Podía comenzar visitando Disney World y sus cuentos para ver con ironía cómo congelaron a Walt Disney, la mentira de que la vida en ese país no es como las series de televisión hasta recordar las caídas de Juan Carlos I o cómo nos comportamos ante un buffete gratuito.

Brasil, Argentina, Australia, Japón, Inglaterra, Holanda... Fueron dos horas de viaje ácido, pero que dejaron una nueva reflexión: «Viajar demuestra que, por muy diferentes que parezcamos, siempre tenemos algo en común».

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