Veinte años gestionando los orígenes del español

La Fundación San Millán promueve la investigación, documentación y difusión del idioma nacido en La Rioja

L. J. R. BOGOTÁ.

Si vasto es el legado que el Centro Gabo se dispone a articular, no lo es menos el que maneja la Fundación San Millán, entidad que desde hace dos décadas vela por preservar los orígenes del castellano. Son dos conceptos diferentes de gestión de un bien compartido por más de 550 millones de personas. Desde la declaración de los monasterios de San Millán de la Cogolla (La Rioja) como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el papel de la Fundación es fundamental.

«Tiene el objetivo de investigar, documentar y difundir los orígenes de nuestra lengua a través de su Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española (Cilengua), que es una referencia internacional para los estudios sobre el español», recuerda Leonor González Menorca, consejera de Desarrollo Económico e Innovación de La Rioja y vicepresidenta de la entidad. Junto a esa gestión 'filológica' están la cultural y la turística, de la que también se encarga la entidad. «Se abordará la preservación del patrimonio. Esa es una de las misiones básicas de la Fundación San Millán», que con diferentes actividades, ha conseguido acercar a los monasterios de Suso y Yuso a más de 150.000 personas sólo este año. Y es que, sostiene González Menorca, aquella declaración de la Unesco «no fue la culminación de un proceso, sino el inicio de otro y la continuación de un compromiso histórico adquirido hace más de mil años».

Almudena Martínez, coordinadora de la Fundación, explica que actúan «como agente de cohesión de todas las instituciones, asociaciones, empresas y particulares comprometidos con la conservación, protección y difusión de este lugar y sus valores a él asociados». Durante estas dos décadas, además de intervenir físicamente en los dos cenobios riojanos, también han restaurado «más de 500 libros de su biblioteca». Todo ello junto a «un programa de educación patrimonial, denominado Emilianensis, reconocido por la Unión Europea por contribuir de manera especial a la pedagogía del patrimonio».

Gestionar ese legado es «laborioso» y, sobre todo, «una enorme responsabilidad. Tenemos una responsabilidad histórica que llevar a cabo», explica, al tiempo que reclama la implicación de todos los hispanohablantes: «Debemos tomarnos en serio de una vez por todas el prestigio del español. Nuestra lengua necesita adquirir más y mejor representación internacional. Y debemos hacerlo en coordinación con los países americanos. España e Iberoamérica deben articular una diplomacia cultural panhispánica», afirma.

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