VALDOVINOS Y CÍA

ALBERTO PIZARRO CRÍTICA DE ARTE

El porte y la obra de Andrés Valdovinos divergen. Él es un tipo de cuidados modales y buena planta (nada de fealdad, desaliño o mala traza); mientras que su obra tiene algo de esperpéntica (ofrece aspectos grotescos de la realidad).

Para percatarse de su ironía no hay más que leer los títulos de sus obras -poéticos algunos, ciertamente- o el texto acerca de Ochagavía para la exposición 'Wet Wall', que colea hasta el 29 de julio en el Ayuntamiento de Logroño. Muestra en la que además participan 2 Tie, Suberviola (paisajes abstractivos), Tena (jugando con lo paranoico e imaginativo), Koctel Kahoolawe (frutas humanoides que quieren transportarnos a paraísos tropicales), Latrini (entre la realidad y la ficción, entre lo bello y lo siniestro) y Neo Project(fotografías del proceso llevado a cabo por la ciudad). Artistas que tienen como nexo de unión «los lenguajes estéticos contemporáneos urbanos, las texturas experimentales y el diseño gráfico». El texto que Valdovinos ha escrito sobre sí mismo es un brevísimo epítome de la biografía de Boris Vian, gran provocador, amante de los heterónimos, ingeniero, escritor, músico y varios oficios más, amén de cargos rarísimos. Aunque esa burlona suplantación ignoro si ha sido motivada porque se siente un 'polímata' (el que sabe de muchas cosas y destaca en diversas ramas del saber) o un sátrapa de la Patafísica (abusador y ostentador de las soluciones imaginativas). Ésta podría ser una explicación, porque en algunas de sus obras se advierte la unidad de los opuestos, un universo complementario «donde la regla es la excepción de la excepción» (la regla sería lo extraordinario, y eso explicaría y justificaría la existencia de la anormalidad). Otra hipótesis, verosímil para platónicos y adeptos a las novísimas y escalofriantes teorías de Hameroff y Penrose, podría ser que crea en la transmigración de almas. Y la tercera conjetura, que estime su biografía carente de interés; aunque la tiene, y bien cargada. Percha, clase, plurales lecturas, haber pasado por el Taller-Estudio de Navaridas y estudiado Bellas Artes en Barcelona dan para bastante.

A falta de conocer más obra, este artista se me hace inclasificable. ¿Dadaísta? ¿Surrealista? ¿Pop art? Sus cuadros inquietan, retan, petan. Uno mira, remira y se marcha rumiando lo visto. Son arcanos que invitan a raras asociaciones mentales. Y también visiones caleidoscópicas del amor: del más tierno al más tórrido, pasando por el delirante.

Si su sorna y despejo le llevan a reírse hasta de su sombra, cuide que los demás no interpreten que se está riendo de las ajenas. Vacilar 'literariamente' puede que sea celebrado por los participantes en 'Pared húmeda' y los grafiteros; pero suele resultar ofensivo para esos amantes del arte entre los que, por fortuna, no me encuentro.

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