CONTRA LA UTOPÍA

CONTRA  LA UTOPÍA

JOSU EGUREN

Hace aproximadamente un año se estrenaba 'Captain Fantastic' (Matt Ross, 2016), un ensayo sobre los efectos secundarios de la utopía empaquetado en una comedia agridulce de factura técnica estilizada con marchamo de producto Sundance y una más que evidente fijación por canibalizar el cadáver de 'Pequeña Miss Sunshine' (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006). No venció (a Viggo Mortensen le valió su segunda nominación a los Oscar tras el papel de mafioso ruso en 'Promesas del Este') pero convenció a un amplio sector de ese público que se mueve en el espacio que hace frontera con los dramas adultos de corte clásico y el cine indie de diseño. 'El castillo de cristal' sigue los mismos pasos, y aunque puede parecer completamente distinta se antoja como una retorcida continuación, no tanto por el tono (Destin Cretton no hace equilibrios sobre la sonrisa) sino por la intención de oscurecer el análisis del fracaso que anidaba bajo la fachada de un proyecto utópico condenado por la ruina moral y personal del cabeza de una familia disfuncional.

Aupándose en el éxito de una novela superventas (las memorias de Jeannette Walls escalaron desde unas modestas 40.000 copias hasta los 5 millones de ejemplares vendidos en 10 años), Destin Cretton ('Las vidas de Grace', 2013) planta en imágenes un relato potencialmente oscarizable con la falta de pudor de quien ambiciona la recompensa efímera de una estatuilla por encima del valor de la propia historia. Así es como Brie Larson, Naomi Watts y Woody Harrelson son arrojados contra la pantalla para protagonizar escenas donde sacan a relucir interpretaciones rocosas que hacen pie sobre una narración con tan poco pulso y tantas lagunas narrativas como la farragosa adaptación de 'American Pastoral' (Ewan McGregor, 2016) pero sin atisbar las profundas disertaciones éticas que proponía la novela de Philip Roth.

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