LA UNIÓN HACE EL ARTE

ERNESTO PASCUAL - CRÍTICA DE TEATRO

Llega febrero al calendario, se abren las puertas de la alfareña sala Florida y cruzar su umbral deja la sensación de volver a casa. Y de reencontrar a buena parte de la familia y los amigos llenando sus butacas. Porque por febrero vuelve Cómicos, la Muestra Nacional de Teatro de Alfaro que en las noches de este viernes y sábado, en doble función como desde el 2003, inició su vigésima edición. Veinte años de teatro, de humor, de reflexión y reivindicación. De cultura.

La apertura artística correspondía a la apuesta bella, sutil y esperanzadora de Funamviolistas. Pero, antes de que las tres maestras subieran a escena, era momento de apertura oficial. De balance. Veinte años, más de cien compañías desde las emergentes a las de primer nivel -entre ellas, las que han crecido a la par que Cómicos- y más de 100.000 espectadores. "Si en Alfaro se disfruta de esta muestra nacional es gracias a Quatre Cats", agradeció la alcaldesa Yolanda Preciado ante el público que llenaba, una vez más, la sala. Un público que volvió a ovacionar a los cuatro gatos -a Carlos, Manolo, Elo y Teo- que llevan veinte años regalando "humor, reflexión, transgresión y emociones" a quienes, de tantas localidades y edades, son un motor de la Muestra, junto al institucional y privado. Pero los Quatre Cats eludieron halagos y dejaron el escenario a las verdaderas protagonistas de la velada.

El telón cayó mientras un violín rasgaba lamentos lacónicos. Las tres artistas aparecían con lo puesto y su instrumento en un parque. Sin más. Sin una oportunidad. Pero con talentos. Sin palabras, expresándose Ana Hernández a través de su violín, Mayte Olmedilla de la viola y Lila Horovitz de su contrabajo, mostraron ante el público que unidas lograban más fuerza ante la adversidad. Que hacían arte.

Eran tres artistas con lo puesto y su instrumento. Sin más. Sin oportunidad. Pero con talentos

Arte desde el virtuosismo musical propio de quien se ha formado en conservatorio a nivel superior; de quien canta y actúa para, sin palabras, relatar una historia desde la sutileza y que el espectador ha de hacer suya y completar. Incluso bailaron: sorprendió Ana Hernández al calzarse las sandalias de ballet y tocar y danzar de punteras y Horovitz al marcar un tango con su contrabajo. ¿Hay algo que no puedan hacer?

Compartieron y emocionaron al público con la desdicha de las artistas sin oportunidades. Hasta que encontraron un casting. Pero entendieron que no lo iban a ganar cada una por su cuenta. Unieron sus sonidos para, desde mar, ver tierra y triunfar. Aunque es una obra de ficción, es la historia real de cómo nació Funamviolistas. Y quizá no haya sido la obra que más carcajadas ha arrancado en Cómicos, pero sí dejó la sonrisa de la victoria. La de ellas. La de Cómicos. La de Quatre Cats.

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