Últimas horas con Dalí

Artista. Dalí, en 1966. :: efe/
Artista. Dalí, en 1966. :: efe

Mientras los forenses exhumaban anoche sus restos, Figueras debate su paternidad: «¿Por qué no ha dicho nada hasta ahora?»

MÓNICA BERGÓS FIGUERAS.

«Si muero, no moriré del todo», había dicho Salvador Dalí. La frase, que en su día pasó desapercibida entre las muchas que llegó a pronunciar el genio, muy dado a las afirmaciones grandilocuentes, ha adquirido ahora un nuevo sentido. El pintor ha sido objeto de un acto muy daliniano, apasionadamente surrealista: salir de su tumba para, quizás, convertirse en padre treinta años después de muerto.

Los forenses trabajaban anoche en la exhumación de su cadáver en las instalaciones del teatro-museo de Figueras, donde yace bajo una losa de tonelada y media. Sin público ni cámaras. El cometido de los expertos es extraer muelas, uñas y muestras de huesos largos como la tibia y el fémur, para conseguir pruebas de ADN que permitirán esclarecer si Pilar Abel es hija del genio ampurdanés, como ha defendido durante estos últimos años. Los resultados podrían conocerse en uno o dos meses.

Los restos de Dalí descansan en la majestuosa sala de la Cúpula, visitada ayer por cientos de turistas, un tanto ajenos a la polémica. Más que la lápida, fotografiaban el mural 'Laberinto' y el cuadro 'Gala desnuda mirando el mar que a 18 metros aparece el presidente Lincoln'.

En la pequeña población ampurdanesa la cosa cambia. Los huesos de Dalí se cuelan en todas las conversaciones. Sonia Buitrago, dependienta de la heladería Jijonenca, defiende a la presunta hija de Dalí: «Tiene todo el derecho a saber cuáles son sus orígenes. Si los jueces han dado órdenes para iniciar un proceso tan aparatoso y complicado como este, es porque ella tiene pruebas. Además, yo encuentro que esa mujer tiene parecido físico con el pintor».

Los hay bastante más escépticos. «Aquí en Figueras, quien más quien menos ha tratado con Dalí. Qué raro que nadie supiera nada de esto. Existen hasta siete biografías publicadas sobre el pintor, por diferentes autores. ¿Cómo es que ninguna ha mencionado el tema?», plantea Mario. A Carmen, otra vecina de toda la vida, también le da «mucho respeto desenterrar los muertos. ¿Por qué no ha dicho nada durante todos estos años, si realmente es su hija?».

Nacida y criada en esta población de 45.000 habitantes, Pilar Abel, de 61 años, adquirió cierta popularidad por sus apariciones como vidente en la televisión local. Empezó a reclamar que era hija del genio en 2007, aunque supuestamente lo habría sabido desde que era niña porque se lo habría contado su abuela, mientras que su madre, que actualmente está enferma de alzhéimer, no lo habría negado. Según relata, fueron muchas las veces que se encontró con el pintor paseando por la calle, en Figueras, pero nunca se atrevió a abordarle. Según su versión, es el fruto del affaire que tuvieron Dalí y su madre, sirvienta en una de las casas de veraneo del artista.

Pero todos sus biógrafos defienden que no tuvo relaciones íntimas con mujeres. Ni siquiera con Gala, su esposa. Pilar Abel decidió no estar ayer presente durante la exhumación. El 18 de septiembre se celebrará un juicio en el que se aclarará todo. La reclamación legítima de la herencia se abordaría en un sesión posterior. Si se confirmase la paternidad, tendría derecho a una cuarta parte del patrimonio que dejó Dalí.

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