LA UBICUA MADUREZ DE CENZANO

CRÍTICA DE ARTE - ALBERTO PIZARRO

Es lástima que coincidan las inauguraciones. El día 20 de octubre, a la misma hora, lo hacían la del Würth y la de La Lonja. El gigante y el enano no se ponen de acuerdo. Como nunca creí que David endiñase certeramente a Goliat, ya opiné acerca de la inauguración en La Lonja. Toca hablar hoy de la del Würth, que abrió el ciclo 'La obra invitada' con la de Óscar Cenzano, como parte de un proyecto que pretende dar continuidad a la exposición principal ('Todo es Movimiento', Op Art y Arte Cinético), profundizar en otros aspectos y posibilitar el diálogo entre artistas acerca de tendencias y metodología. El fasto contó con la intervención de la profesora Castellot, 'papisa' de la plástica riojana. Mis respetos, Sra.

Se entiende que Cenzano -hombre tesonero, sencillo y afable- exulte al haber sido elegido para complementar con sus obras las de la exposición de la Colección Würthque exhiben las formas en que el arte del siglo XX exploró el movimiento. Eligió un par, concebidas de manera que interactuasen con el espacio y los visitantes, armadas con lamas y duelas de antiguas barricas y barriles; al entender -ahí está el meollo- que la vida previa del material forma parte de un trasfondo temporal que las une. Una fue 'Esfera, desarrollo y equilibrio', que data de 2005 y «gira sobre su eje para mostrar la elegancia de los ensamblajes y la complejidad técnica de la ejecución». La otra, 'Cuatro tiempos de cata', la plasmó en 2015 «utilizando los vacíos para crear intersecciones visuales entre las láminas de madera cuyo tratamiento del color suma también valor temporal».

Sus 'assemblages', fruto de juntar materiales llegados a sus manos por búsqueda ahincada o por azar, están tan delicadamente tratados que evocan entrañables olores a la memoria, remueven abstractas ensoñaciones de días felices, o son el complemento ideal del sofá o las cortinas del salón, decorado al dictado del 'dernier cri'. Llamadas de lo inorgánico al tacto, que casi percibimos como voluptuosas, que bien podrían figurar en cualquier museo de prestigio. Delicadas texturas, colores entonados, entramados complejos -ya aleatorios, ya premeditados-, composiciones insólitas, dan lugar a exquisitos maridajes parte de los cuales muestra ahora en el café Delicias.

Quizá porque una de las mejores medicinas para evitar los infartos son los amigos, Cenzano forma parte de un lobby plástico local al que otros artistas de no menos talento denominan «la crema de la intelectualidaz» (con zeta). Si Weber sustenta que los grandes dioses son incompatibles, ¿esa pertenencia no le infartará el yo en forma de ansiedad o depresión? En cualquier caso, admiración y afecto me mueven a celebrar que Cenzano esté tan en boga. De entre los artistas riojanos es uno de los corazones más sensibles y sufridos, está permeado por la poesía que habita su casa, y tiene un parentesco estilístico, en nada imitativo, con Lucio Muñoz (q.e.p.d.), quien ocupa lugar principal en el retablo de los artistas de mi devoción.

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