VREELAND EN PONIENTE

ROSA BELMONTE

Vale que 'Dr. Who' es la serie de ciencia ficción más vieja y reconocida que existe. En sus pantallas (en las de la BBC), desde 1963. Una serie lo suficientemente importante como para que veamos sus huellas en 'El Ministerio del Tiempo' (Javier Olivares siempre ha dicho que su ficción anda entre 'Dr. Who' y 'Atraco a las 3' con un toque de 'Las puertas de Anubis', de Tim Power). Una serie de la que nos hemos olvidado que empezó como un programa educativo para enseñar a los niños distintos periodos de la Historia, pero que inmediatamente pasó a ser una 'space opera'. El espectador español no ha disfrutado de la serie como un británico. Las autonómicas, Wuaki, Boing, ahora Netflix y, sobre todo, SyFy. Pero vaya, nada parecido, ni siquiera ahora, a lo que está pasando con 'Juego de Tronos'. La última temporada todavía no se ha visto aquí.

Que se dé la noticia de la primera doctora Who (Jodie Whittaker) después de doce actores interpretando al personaje tiene sentido. Y más cuando la BBC desveló la sorpresa teatralmente tras la final de Wimbledon. Pero que un periódico de tirada nacional en España dedique una doble página de las del principio a todos los Dr. Who desde William Hartnell me parece más de ciencia ficción que la propia serie. Me gustaría saber cuántos lectores de ese periódico (o de cualquiera) saben de qué demonios van esas páginas. O qué es un 'whovian'.

A los espectadores españoles de 'Juego de Tronos' se les trata mejor. Pueden trasnochar y ver el regreso a la vez que en Wisconsin, grabarla o esperar a las diez de la noche del día siguiente. Me gusta que el espíritu de Diana Vreeland haya llegado a 'Juego de Tronos' (y Daenerys a Rocadragón, que es un lugar que suena a 'Los Picapiedra' y está en Euskadi ). Lo de la Vreeland es por uno de sus 'Why don't you?' de 'Harper's Baazar': ¿Por qué no pintas un mapa del mundo en cada pared en la habitación de tus hijos y así no crecerán con un punto de vista provinciano? Cersei ha pintado un mapa de Poniente en el suelo. Pero, por Dios, que le cambien la peluca, que llamen al que se la hacía a Alicia Florrick.

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