SOBRE INFORMACIÓN

MIKEL LABASTIDA

No sé qué pasará cuando la crisis catalana amaine, cuando la rabiosa actualidad no varíe constantemente las parrillas. Será ese momento en que Ferreras y Ana Pastor recuperen su vida marital y los espectadores tendremos que aprender a echarles de menos. Habrá días en que conectaremos La Sexta y no aparecerán ellos. Aunque parezca imposible, eso sucederá.

Muchas bromas se han hecho al respecto de la sobreexposición en pantalla de los presentadores estrella de la cadena. Hasta Jordi Évole ha basado la promoción de su regreso en esta circunstancia. Al margen de las guasas, se ha alabado sin parar la labor informativa de la emisora privada. Y no es para menos. Todos los profesionales del canal se han volcado para llenar horas y horas de programación y han realizado una meritoria cobertura. Tengo la sensación de que esta oferta se ha valorado aún más por la desidia de TVE con el tema, ya que el ente público ha pasado de hacer como si no existiese a contarlo todo desde el punto de vista del Gobierno.

Llegados a este punto, cabe preguntarse si el exceso de información es conveniente. O mejor dicho, el exceso de tiempo dedicado a una misma información. Es venerable que La Sexta dedique todo el día a lo que sucede en Cataluña, el problema es que en ocasiones no hay más datos que añadir y se dan 10.000 vueltas a una misma idea o se entra en el terreno de la elucubración. Y eso no es positivo. El problema de tener que rellenar a toda costa es que se cae en la hipótesis o en la especulación. Y ese es un terreno muy peligroso. Más no siempre es mejor. Es verdad que el ritmo de los acontecimientos en Cataluña ha sido vertiginoso en las últimas semanas, pero no todos los días ha habido datos ni relatos suficientes como para cubrir 17 horas de especial.

El que no se arriesga no gana. Y La Sexta, con sus defectos, está arriesgando mucho en este inicio de temporada. Y el riesgo le está proporcionando unos datos de audiencia como nunca había tenido, ganando a pesos pesados de la competencia. Ojalá la avaricia (por conseguir cifras estupendas) no les ciegue. La avaricia rompe el saco. También en televisión.

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