ROSEANNE RACISTA

OSKAR BELATEGUI

Solo dos horas tardó la ABC en fulminar la serie más exitosa de la temporada. Veinte millones de espectadores no son nada al lado de una tormenta desatada en Twitter, el nuevo tribunal que juzga y condena a golpe de retuit. Roseanne Barr, que cuenta con 725.000 seguidores en la red del pajarito, ya había dado sobradas muestras de su condición de bocazas. Esta misma semana había calificado de «nazi» al magnate George Soros y dado pábulo a teorías conspiratorias sobre Chelsea Clinton. En el arte de insultar y esparcir mierda tiene un buen maestro: su admirado presidente Trump, que copió de Tom Wolfe el uso de las mayúsculas y las exclamaciones. La actriz llamó «simio» a una exasesora musulmana de Obama. Justo el mismo día en que 8.000 Starbucks de Estados Unidos cerraban durante cuatro horas para que 175.000 empleados acudieran a un cursillo con el fin de educarles sobre racismo.

Las nuevas peripecias de la familia Conner habían superado con nota una ausencia de 21 años. El propio Trump llamó a su protagonista para felicitarla por lo que consideraba el retrato veraz de una familia americana de clase trabajadora, como las que le votaron a él. Roseanne presume de saber muy bien cómo es el pueblo y se ufana de vivir en una comunidad agrícola en Hawái. La serie aborda cuestiones como la sanidad o el derecho a portar armas. Una de las hijas de los Conner, que viven en Illinois, vuelve a casa después de divorciarse y con dos hijos; el hijo pequeño, que ya es treintañero, ha servido en Siria.

'Roseanne' arrasó en los audímetros de la América profunda, la misma que votó a Trump. Sin embargo, la serie no es una apología de la derecha más conservadora, sino que confronta con inteligencia la ideología de los Conner, al borde de ser 'white trash' (basura blanca), con la cuñada progresista. «Roseanne no ha cambiado mucho, pero el país sí», concluyó un editorial del 'New York Times'. «Suficiente para que su voz, que alguna vez se sirvió del himno nacional para una risa barata, ahora parezca una nota feliz en una cultura llena de caos vengativo». La nueva temporada de 'Roseanne' era transgresora no porque fuera pro-Trump, sino porque carece del sesgo político del resto de programas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos