El gen del reportero

Los periodistas de 'En el punto de mira' (Cuatro) coinciden en que para trabajar en lo suyo hace falta valentía, sacrificio y psicología. «Se lleva en la sangre»

MIGUEL ÁNGEL ALFONSO

El micrófono y la experiencia que dan años en la calle son las únicas armas que tienen los reporteros de televisión para enfrentarse a estafadores, ladrones o mafiosos de talla internacional. Ellos confiesan que «si uno no siente pasión por este oficio lo mejor es dejarlo, porque si no, no merece la pena tanto sacrificio», como explica Pablo Miguel a este periódico. Él ha pasado por la cantera de 'Equipo de investigación' en La Sexta y se acaba de incorporar a 'En el punto de mira', el formato de reportajes de Cuatro (esta noche, 22.30 horas). Allí compartirá oficina con otros nuevos fichajes del programa como María Miñana, que proviene de 'Espejo Público' (Antena 3), y Juan Carlos González ('Andalucía Directo', Canal Sur). Los tres coinciden en señalar la existencia de un «gen reportero».

Algo de eso impulsó a Pablo Miguel a viajar en 2016 junto a su cámara a Georgia para colarse en la mansión de Zakhar Knyazevich Kalashov, uno de los capos de la mafia rusa más buscados. «Es un país al que jamás hubiera viajado. Recuerdo entrar en la casa de Kalashov y no creérmelo. Llegamos allí sin tener pajolera idea de dónde podía estar y nos salió bien. Eso sí, a mi familia nunca le cuento nada, solo cuando ya ha pasado», recuerda el reportero. Meses después, Kalashov, coronado por los suyos como 'ladrón en ley', sería detenido y entregado a la justicia española.

'En el punto de mira' abordará esta temporada temas más cercanos como la estafa en los recibos de la luz, la burbuja del alquiler o las guarderías que no cumplen con los requisitos legales, aunque el pasaporte siempre se queda sobre la mesilla de noche por si hay que viajar al extranjero. El objetivo es generar un debate en la sociedad, como ocurrió el año pasado con el panga, ese pez criado en los contaminados ríos de Vietnam y que se servía en España en muchos comedores infantiles. Todo surgió de un reportaje en Cuatro y acabó llegando al Congreso.

«Nuestra mayor satisfacción es que el espectador sepa qué hay detrás de muchas cosas. En temas de consumo hemos sido muy didácticos, haciendo públicos los tóxicos que llevan muchos alimentos, por ejemplo. No se trata de alarmar por alamar, investigamos para que el espectador luego decida con más datos. Ponemos cifras a los fraudes», comenta María Miñana.

Pero para que eso ocurra, primero hay que tirar del hilo, no basta con salir a la calle y encontrar las respuestas. «Obviamente a ninguno de estos estafadores les gusta dar la cara. Lo primero que hacemos es intentar localizarlo y, a veces, solo contamos con una sentencia con sus datos. Tenemos que tirar del hilo para saber dónde se mueve ahora, si tiene propiedades, si sigue defraudando... Hay que invertir mucho tiempo en investigar, esa es la base. También metemos mucho tiempo viajando a otros sitios, a veces pasamos horas esperando en una puerta para volvernos a la redacción con un no. Pero la clave es insistir para llevar una respuesta de vuelta», apunta Juan Carlos González.

El mito de la rivalidad

- ¿Cómo tratan las situaciones conflictivas?

- Cuando tienes el convencimiento de que vas a destapar algo no ves el peligro. Yo soy de un barrio obrero de Sevilla y siempre estaba en la calle hablando con la gente, estaba todo el día haciendo preguntas y escribiendo cosas. En este tipo de situaciones entra en juego la psicología que hemos aprendido a lo largo de tantos años en la calle, la que no se aprende en las facultades de Periodismo. No puedes amedrentarte, tienes que conseguir el testimonio. También es importante ser frío.

Uno de los mitos más extendidos entre los espectadores es que la guerra entre las diferentes cadenas se libra también entre los reporteros de distintos medios. «No hay ninguna rivalidad, así de claro. Yo vengo de Antena 3 y ahora estoy en Cuatro. Aunque se pueda percibir así, cada vez que hay una cobertura nos ayudamos entre todos», reconoce María.

- ¿Qué hace falta para dedicarse al reporterismo?

- Hay que ser valiente, descarado, incisivo y sobre todo te tiene que gustar conectar con la gente, empatizar, y además esto se lleva en la sangre... sí debe ser algo relacionado con el ADN, si no, no me lo explico.

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