UN MILLÓN PARA EL MEJOR

OSKAR BELATEGUI

Muy de vez en cuando la televisión descubre héroes cotidianos que te congracian con el medio. Antonio Ruiz es uno de ellos. Este murciano de 45 años, músico autodidacta en paro, ha completado el rosco de 'Pasapalabra' tras permanecer 126 programas. Con el bote de 1,16 millones de euros pretende dar a su hija «la mejor educación», abrir una librería de obras de segunda mano y viajar con su mujer. Aunque de momento no gastará mucho, advierte, hasta saber qué parte del premio se quedará Hacienda.

Uno no sabe si amar a Antonio por la sabiduría y rapidez de reflejos que ha demostrado en el concurso de Telecinco -en 2015 ya ganó 'Saber y ganar'- o por la mesura y sentido común que desprenden sus palabras al saberse millonario. Que en la era de 'Gran Hermano' el triunfador de un espacio televisivo aspire a abrir una librería de viejo devuelve la fe en el género humano. Sobre todo en una cadena que premia a los vencedores de sus programas con el paredón de 'Sálvame' o la portada de 'Interviú'.

Hace ya mucho tiempo que los concursos exigen a sus participantes que sean alegres y dicharacheros, que no se limiten a contestar bien sino que den espectáculo. La identificación del espectador con ellos día a día los convierte en personajes tremendamente populares. Robert Redford lo sabe bien y en 1994 dirigió 'Quiz Show. El dilema', la crónica de uno de los mayores escándalos de la televisión estadounidense en los años cincuenta. Su protagonista era un miembro de la élite WASP, un apuesto profesor de Columbia perteneciente a una prestigiosa familia de intelectuales, que ganó durante tres años un popular concurso. Hasta que su rival, judío y poco agraciado, denunció que todo era una farsa para que América tuviera un espejo en el que regodearse.

Ya nadie recuerda la repercusión que alcanzaba en la España hambrienta de conocimiento de finales de los sesenta 'Un millón para el mejor'. Su ganadora, Mercedes Carbó, reveló que había participado por su hija, discapacitada intelectual. Hoy, colegios y centros de educación especial llevan el nombre de aquella 'mamá del millón'.

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