MÀXIM, EL EFÍMERO

OSKAR BELATEGUI

Màxim Huerta, el Efímero, ha sido el primer ministro mediático de la historia de la democracia. La cartera de Cultura la han ocupado con anterioridad intelectuales -Jorge Semprún, César Antonio Molina-, pero nunca un rostro televisivo que, eso sí, tuvo el acierto de abandonar el medio y reciclarse en «escritor de mesa camilla», en atinada definición del crítico Jordi Costa. 'El programa de Ana Rosa' convirtió a Huerta en estrella y su éxito propició que las editoriales se animaran a publicar sus novelas. Su pasado en la crónica rosa siempre ha pesado como una losa en su búsqueda de respetabilidad literaria. Sin embargo, los periodistas que recibieron de uñas su nombramiento no tienen de él la misma percepción que el común de los espectadores que le veían en Telecinco. Ellos aplaudieron al chico educado y de dicción perfecta que amenizaba sus mañanas. Al menos, sus tablas ante la cámara le han servido para pronunciar con templanza y pausas dramáticas el discurso de dimisión mejor leído -claro que tampoco hay tantos- en la crónica reciente de este país.

Elegir a Màxim Huerta significaba dejar atrás el viejo debate sobre la alta y la baja cultura. Pedro Sánchez apostaba por una cara popular sin ninguna experiencia en gestión. El prestigio hoy se fabrica en la pequeña pantalla y en las redes sociales, esa «jauría», en definición del exministro, que apunta, juzga y condena, precipitando los acontecimientos. «Ir y quedarse, y con quedar partirse», escribió Lope de Vega, citado por Huerta en una despedida en la que quiso verse a sí mismo como víctima y mártir, en vez de como un defraudador. La «caza de brujas» del ministro Montoro, que también denunció la gente del cine, se cobra así su última víctima. Huerta ya no tiene que fingir que le gustan los toros ni mirar cómo se escribe Roland Garros. Sus seis días de mandato dan para un best seller.

Tras la renuncia de varios escritores al ofrecimiento de Pedro Sánchez, las quinielas de ministrables duraron poco. José Guirao, gestor cultural de impecable trayectoria, promete un ministerio mucho más aburrido.

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