'LOS MARTÍNEZ'

BOQUERINI

Aveces da la impresión de que en Televisión Española se pasan el día comiendo. Cuando conectas la cadenas, casi siempre están hablando de comida. Que si 'Master Cheff junior', que si el senior, que si 'Master Cheff Celebrity', que si 'Torres en la cocina'... Incluso un programa tan exquisito (y el adjetivo tiene aquí toda intención) como 'Documentos TV' estuvieron la noche del martes con 'Locos por la comida'. Por eso no tiene nada de extraño que cuando Lolita reúne en su casoplón de vacaciones a tres amigos, lo haga para comer, o en este caso cenar, porque el programa es por la noche.

No está nada mal lo de 'Lolita tiene un plan'. Claro que siempre va a depender de sus invitados y de los derroteros por los que transcurra la conversación. Las dos primeras entregas, con actrices la primera y con flamencos la segunda, han resultado interesantes. Además de cenar espléndidamente, los invitados hablan de lo que saben (qué lección para esas otras tertulias en las que todos hablan de todo sin saber nada de nada), y cuentan anécdotas y vivencias. Y eso siempre se agradece. ¡Qué diferencia con Bertín Osborne, que tanto 'En tu casa o en la mía' como en 'Mi casa es la tuya', todo resultaba impostado, falso y como pactado previamente.

Estos programas con un famoso recibiendo en su casa a otros famosos para hablar de sus cosas son hijos directos de 'La casa de los Martínez', mítico programa de la TVE de finales de los 60 en la que una familia ficticia, compuesta por el padre Carlos (Carlos Muñoz), la madre Carmen (Julita Martínez), el hijo mayor Quique (Eduardo Coutelenq), la hija pequeña Carmencita (Isabel María Pérez) y las 'chachas' Rafaela (Rafaela Aparicio) y Florinda (Florinda Chico), también recibía en su casa a invitados famosos para hablar de sus cosas. Aquella serie duró cuatro años, sin pausas veraniegas o navideñas, aunque en agosto la familia se iba de vacaciones a Pedro Bernardo, pueblo de Ávila, que era el de su creador, el gran Romano Villalba. En 'La casa de los Martínez' no se comía; todo lo más, un cafetito o una copa de sobremesa. Pero los Martínez, perfectos anfitriones, entregaban a sus invitados 'las llaves de la casa'. Con Lolita mucho comer, pero al final cada uno para su casa, y Lolita en el casoplón.

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