MAÑANAS DE VERANO

ÓSCAR BELLOT

Las mañanas de verano ya no son lo que eran. En los noventa y la primera década del presente siglo, la televisión nos despertaba con un puñado de series destinadas a hacer las delicias de los adolescentes, que eran, por otra parte, los que tenían esas horas disponibles para plantarse frente al televisor y adentrarse en las vivencias de unos personajes que venían a aligerar el peso de la canícula.

Producciones que solían dividirse en dos clases. Estaban, por un lado, las de acción, protagonizadas habitualmente por seres mitológicos y héroes de distinto pelaje que combatían el mal recurriendo a cuantas armas se hallasen a su disposición. Sobresalían en este ámbito títulos como 'Xena: La princesa guerrera', que convirtió a su protagonista, Lucy Lawless, en un referente para aquellas jóvenes que estaban cansadas de que se las tildase del sexo débil y en secreto objeto de deseo erótico para sus congéneres masculinos; o 'Hércules', de la que aquella era en realidad un 'spin-off'.

Aunque las que más molaban eran las comedias y dramas que se sumergían en el arduo tránsito de la adolescencia al mundo de los adultos. Las primeras lo hacían tratando de arrancar la sonrisa del espectador. Conocimos así a 'Las gemelas de Sweet Valley', donde la identidad física de las Wakefield se contraponía de plano a sus divergentes caracteres; o a los 'California Dreams', la banda formada por un grupo de amigos que siempre acababa llevando por el camino errado su inepto aunque bienintencionado mánager. La que más impacto tuvo, sin duda, fue 'Salvados por la campaña'. Todos, en el fondo, queríamos ser Zack Morris, con su actitud desenfadada, su éxito con las chicas y ese tupé imposible que para sí quisiera el mismísimo Trump. Más serios, aunque con parecidas actitudes vitales, eran los protagonistas de 'Los rompecorazones' o 'Dawson Crece', todos los cuales nos ayudaron a lidiar con el nuevo mundo que se abría a nuestro paso. Cierto es que a veces nos cansábamos de tanta reposición, pero siempre acabábamos volviendo a caer en sus redes.

Hoy aquel espíritu ha desaparecido casi por completo de la ficción televisiva, entregada a productos más elaborados y enrevesados que adolecen, sin embargo, del encanto de la simplicidad que conquistó a ese público en proceso de madurez del que un día formamos parte. Quién sabe, quizás sea para bien.

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