ISLAS AMBULANTES

ISLAS  AMBULANTES

ANTON MERIKAETXEBARRIA

No puede ser más insólita la premisa argumental de 'En cuerpo y alma', galardonada película húngara centrada en las ensimismadas relaciones de Endre y María, dos hipersensibles seres autistas, unidos al fin de forma harto peculiar por el fuego del amor. Éste es el eje sobre el que pivota toda la historia, donde extrañas ensoñaciones tienen también capital importancia. En ese sentido, la metáfora de dos ciervos deambulando por un bosquecillo nevado supone una manera de dar hondo sentido al encuentro de esas dos almas castradas, por lo que a sentimientos afectivos se refiere.

Curiosamente, un matadero municipal es el lugar donde se desarrolla la historia, sin duda utilizado para reforzar la sospecha de que la tenue frontera que separa la vida y la muerte, el amor y el desamor, la verdad y la mentira es más permeable de lo que generalmente creemos. De ahí que la atracción del abismo, las sombras de un trastorno íntimo y secreto atormentan en todo instante a sus silenciosos protagonistas, como si de dos náufragos perdidos en la Isla de la Desolación se tratara, con sus volcanes extinguidos y una frialdad glaciar.

Superando sus traumáticas experiencias, estos dos seres humanos se afanan por encontrar una posibilidad de escape, un puerto de refugio, un lugar donde recomponer sus maltrechas vidas. Por momentos, el espectador tiene la impresión de que algo se mueve dentro de ellos, ya que se perciben atisbos de emoción, sutiles miradas de ilusión, breves momentos de ternura. Asimismo, las imágenes, a veces condensadas en una pesadilla, tienen aquí su propia memoria y nos recuerdan cómo fueron en el pasado María y Endre. A partir de ahí, 'En cuerpo y alma' se convierte en un pudoroso filme intimista, rodeado de un silencio insondable, en el que estas dos islas ambulantes lograrán que la chispa amorosa chisporrotee.

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