NO SON HORAS

MIKEL LABASTIDA

En Telecinco llevan a cabo un concurso que consiste en llamar por teléfono a un domicilio cualquiera y esperar a que quien descuelgue el teléfono responda una frase en concreto. Si dice «buenos días» o «¿quién es?», o cualquier otro convencionalismo de los que soltamos al contestar una llamada, falla y pierde el dinero. Nada que no hayamos visto en la tele mil veces desde hace 200 años -aproximadamente-. Raffaella Carra ya probó esta fórmula en los años 90 con su programa en TVE, en el que repartía premios a todo el que saludase con un 'Hola Raffaella'. Pepe Navarro en la misma época -prehistoria televisiva- rizó el rizo y llamaba a las casas preguntando «¿tiene usted pelos en la lengua?», y se la jugaba con que le contestasen cualquier exabrupto, aunque el que quisiese llenarse el bolsillo debía hacer caso a las indicaciones previas del programa.

Pues bien, Sandra Barneda en 2017 sigue aplicando esta fórmula. Innovando. El caso es que el otro día se le ocurrió llamar por teléfono a las dos de la madrugada. Y la señora que contestó lo hizo contrariada: «¿Qué horas son estas de llamar, guapa?», le espetó. Lo normal. A usted y a mí nos llaman a esas horas y lo lógico es que pienses que ha ocurrido algo malo y te asustes. Pero en Telecinco viven en otro mundo. Lo suyo es realidad alternativa y se piensan que el resto de la humanidad está dentro de ella. Barneda no sólo despertó a la pobre mujer, sino que además lo hizo para decirle que había perdido 28.000 euros. A ver quién consigue después conciliar el sueño. Telecinco altera el sueño.

Son consecuencias de esos espacios maratonianos que se emiten en nuestra tele. La cadena de Mediaset es la experta. Empiezan a las diez de la noche y terminan, con suerte, cuatro horas después. Sirve para abaratar costes y para subir la cuota de pantalla. Otras emisoras imitan. Por eso TVE ha alargado hasta el infinito cada emisión de 'MasterChef' esta temporada. Y Antena 3 hizo lo propio con 'Tu cara me suena'. Y luego pasa lo que pasa. Se pierde la noción del tiempo. Y a las dos de la madrugada lo mismo debaten sobre quién se acuesta con quién o llaman por teléfono. Y no son horas. Para hacer eso, al menos.

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