POR QUÉ GUSTA 'STRANGER THINGS'

MIKEL LABASTIDA

El éxito es un enorme bumerán que tarde o temprano se vuelve hacia ti con fuerza y si no sabes como detenerlo puede hacerte daño. Estaba claro que a 'Stranger Things' le iban a lanzar la lámina de madera con su segunda temporada. Fueron muchísimos los que se sorprendieron con esta propuesta de Netflix, la disfrutaron y la alabaron después. Y, claro, cuando algo te despierta tanto interés piensas que nada podrá superarlo. Eso predispone. Y luego están los que entonces no lo vieron venir y no pudieron ponerse en contra y llevan meses aguardando este momento.

Era difícil, por tanto, que lo nuevo de los hermanos Duffer convenciese a todo el mundo. Ni falta que hacía. Eleven, Mike, Will, Dustin y Lucas han regresado con el objetivo de entretenernos del mismo modo en que lo hicieron el verano pasado. Y para ello han echado mano de similares mimbres: un monstruo que atemoriza, un niño al que le afectan las fuerzas del más allá (al pobre Will le pasa todo), y un grupo de amigos que atraviesan mil aventuras para sobrevivir a la nueva amenaza. Todo esto aderezado con multitud de guiños a pelis de los ochenta (vivan 'Los cazafantasmas', 'Gremlins', 'Alien' y 'Poltergeist') y una banda sonora cargada de temazos de bandas como Police o The Clash. Hay hasta un tipo muy, muy parecido al Rob Lowe de la época. Nada puede fallar con estos ingredientes. La receta funciona. 'Stranger things' engancha. Ese es su fin, no hay más. El espectador muerde el cebo y padece por el destino de Will, se asusta cuando aparecen seres que van ganando tamaño y está deseando que Mike y Eleven se reencuentren, aunque esta última se haya vuelto más intensa. Muy intensa. Y luego está el aliciente de ver enajenarse a Winona. El año pasado le dio por la decoración navideña y este por los garabatos de su retoño.

No han corrido riesgos. Ninguno. Solo en un episodio en el que la serie camina por distintos derroteros y se parece a otras cintas ochenteras pero de argumento diferente. Quizá haya abierto una puerta a lo que pueda venir en el futuro. Ha explotado los recursos que tenía y ha advertido de que guarda más. Está bien.

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