ETARRAS MUY HUMANOS

OSKAR BELATEGUI

Después de media vida sufriendo a ETA, el derecho a reírme de ellos no me lo quita nadie». La frase pertenece a Borja Sémper, que sabe lo que es llevar escolta desde los 19 años. El portavoz parlamentario del PP vasco arde en deseos de ver 'Fe de etarras', la comedia de Borja Cobeaga que ha producido Netflix después de que el proyecto estuviera durante años en el cajón de Telecinco. Una película que solo se verá una vez en pantalla grande, en el Velódromo de Anoeta el próximo 29 de septiembre, un día antes de la clausura del Festival de San Sebastián. Después estará a disposición de los 100 millones de suscriptores de la plataforma desde el 12 de octubre. Un cartel gigantesco en el centro de San Sebastián ha levantado la polvareda en redes sociales. Y como no se pueden organizar manifestaciones en la puerta de los cines que la proyecten -tampoco se presentaría nadie-, algunos han pedido el boicot al gigante de internet por -dicen- burlarse de las víctimas del terrorismo.

Lo condenable del anuncio donostiarra no es el «Yo soy españooool» tachado, sino que la autoría de 'Fe de etarras' se adjudique a Netflix y no a su director (el filme también está producida por Mediapro). Al igual que Sémper, Cobeaga es poco sospechoso de simpatizar con los terroristas, aunque la película los humanice. Claro que 'El hundimiento' también humanizaba a Hitler que, al igual que los etarras, era un ser humano. Abyecto pero humano.

«Una de las grandes victorias que puede haber sobre el terrorismo es reducirlo a un chiste», sostiene el coguionista de '8 apellidos vascos', película que ha hecho más por la imagen de Euskadi que todas las campañas turísticas hasta la fecha. Hoy 'Vaya semanita' nos parece comedia blanca, pero en 2003, cuando ETA seguía en activo, puso a prueba los límites del humor demostrando la madurez e inteligencia de los espectadores vascos. Borja Cobeaga y Diego San José nos han enseñado a lo largo de este tiempo que relativizar sobre las cuestiones identitarias es liberador. Que frivolizar sobre el lenguaje, los dogmas sagrados del nacionalismo y hasta sobre la violencia ensancha nuestros pulmones.

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