ESPERANDO A IGNATIUS FARRAY

ROSA BELMONTE

Que un programa que se supone gamberro lleve el día de su estreno a Antonio Resines y Dani Rovira resulta perturbador. Sobre todo cuando ayer en 'Cámbiame' una señora de 56 años que pasa ocho horas al día haciendo ganchillo decía: «A mí no me gusta que me penetren». Me provocan para que vuelva a recordar la entrevista que Ana Cristina Navarro hizo a Maruja Torres en TVE. Esa en la que le preguntó si alguna vez había tenido algo con una mujer. «A mí es que la penetración me gusta mucho», saltó la otra. Pero la televisión vieja me distrae de la nueva. El estreno fue el de David Broncano con 'La Resistencia', que va después del de 'Buenafuente'. O sea, el late-late que va después de 'Late motiv' en #0 (también es de El Terrat). A unas horas que no son horas.

En el monólogo inicial, Broncano hizo bromas sobre La Manada y sobre El Chicle. Vale, no. Sólo con los nombres. Que tenían otros títulos para el programa. Que pensaron llamarse La Manada, y enseñaron el vídeo que habían hecho copiando la cabecera de 'Friends'. Pero lo desecharon. «Nos lo pisaron unos cabrones». La otra opción, porque el programa se ha estrenado el jueves pero la cadena luego va a estirarlo de lunes a jueves, era 'El Chicle'. Pero tras detener a un tipo con ese nombre no les pareció bien. A lo largo del espacio, que se graba en el teatro Arlequín, a un paso de la Gran Vía madrileña, se fueron presentando los colaboradores. Ricardo Castella, que dirige 'La Resistencia' junto a Broncano, está en el escenario. Jorge Ponce, subdirector, salió a la calle y se encontró a Ignatius Farray. Antes, en una barra de bar habían presentado a Quequé y a Ter, una youtuber de pelo azul que dice que va a hablar «de las Kardashian y de arquitectura». El camarero era Miguel Esteban (guionista de 'El fin de la comedia'). Pero no abrió la boca.

Esto acaba de empezar, es de esperar que la cosa vaya a más. 'La vida moderna', el programa de radio de Broncano, Quequé y Farray es más divertido y transgresor. Lo más interesante de 'La Resistencia' fue cuando, al final, Ignatius rompió los muebles. Sólo puede mejorar.

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