EL DESALOJO

MANUEL ALCÁNTARA

De dentro de su partido le han llegado a Rajoy los que le quieren echar. Con enemigos así es innecesario buscar adversarios. Quienes le eligieron para el cargo se han dado cuenta de que pesa demasiado y quieren aliviarle la carga mientras sigue cayendo la nieve, que es bonita y cruel, como es fama de las mujeres fatales. Los votantes del PP desean que dé paso a un relevo en una alta proporción, o sea, que se vaya. A lo que de verdad aspiran es a encontrar a alguien como él, pero que no tenga pasado. En una cortés insinuación le están mostrando la puerta, pero no desean que haya aglomeraciones y únicamente una minoría de adictos no quieren que abandone su terrible puesto. Estamos ante un fin de ciclo, pero nadie sabe lo que duran los ciclos, porque el tiempo, cuando se escribe con mayúscula, tiene ideas propias.

Seguimos aupando a personas para darnos el gusto de derrumbarlas y hay líderes que temen encabezar las manifestaciones, porque temen que no les siga nadie y volver la cabeza atrás lo que les puede acarrear es una tortícolis. Ya sabemos que el programa socialista se ha reducido tanto que únicamente proyecta echar al poder, sin tener una idea precisa de quién debe sustituirlo, o quién puede. Las encuestas sólo anticipan los resultados cuando se cumplen. ¿Debe apartarse el paciente Rajoy y dejar vía libre a los que tienen más bulla que él? No lo sabremos hasta que haya unas elecciones y eso va para largo, aunque nuestra vida sea corta por las dos puntas. El pacto de la transición se ha quedado antiguo, a pesar de no tener tantos años. Averiguar lo que quiere la mayoría es el paso previo para suministrárselo. Otra cosa es que se cumpla, pero eso es lo de menos, aunque sea lo que más echamos en falta.

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