LAS CANCIONES DE RISTO

MIKEL LABASTIDA

Volvió Risto a dar charla en su chester, que es un sofá que, es verdad, invita a la conversación. Previamente él había pasado por los asientos de Toñi Moreno en 'Viva la vida', pero a esta le costó arrancarle alguna confesión. Y no será porque no estuviese amable y entregado. El Mejide de ahora ya no tiene nada que ver con el Mejide borde de 'Operación Triunfo' o con el Mejide incorrecto que se atrevía a meterse con sus compañeros de cadena en 'G-20'. Ahora es otro. Y por eso María Teresa, que está de gira, acudió a hablar de algunos acontecimientos recientes de su vida. Lo cierto es que prácticamente le contó lo mismo que hace unos días a Bertín. Lo único que varió es que Risto acompañó todas las declaraciones con sintonías y canciones emotivas para conseguir así que el espectador quedase aún más impresionado. Esta es una práctica habitual en la mayoría de programas de entrevistas (el del propio Bertín incluido), con el fin de sacar la parte sensible del respetable y hacerlo más vulnerable. Un tema de Coldplay siempre funciona, claro que sí. En el Chester de Cuatro lo tienen claro y tiran de banda sonora a la mínima que pueden.

Además de María Teresa (que reveló que no sigue el programa de su sucesora en las tardes del fin de semana en Telecinco; prefiere películas) en el debut de temporada de Risto compareció también Antonio Pampliega, uno de los tres secuestrados por la organización paramilitar y yihadista Al Qaeda en Siria en 2016. Se mantuvo en esta situación 299 días y el relato, lógicamente, resultó escalofriante. Sólo hacía falta escucharle con atención explicar cómo pasaba las horas o la clase de vejaciones a las que le sometieron para entender su trágica situación y solidarizarse con él. No era necesario ningún elemento más, pero, aún así, el programa echó mano de temas musicales que incitaban a la lágrima fácil. Yo no puedo evitar sentirme molesto cuando esto pasa. Es como si alguien me estuviese enfatizando o remarcando los momentos en los que tengo que llorar o ponerme más blando. Qué poco se valoran los silencios y cuánto se agradecen a veces.

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