EL BLOQUEO

MANUEL ALCÁNTARA

No todo es éxodo y llanto. Los fondos de inversión están tocando fondo, pero siempre hay motivos para brindar. El primero es tener sed, aunque sea de justicia, y esta mañana he brindado por mi alcalde don Francisco de la Torre, al que yo llamo Paco porque lo conozco desde siempre y quizá desde un poco antes. Es el mejor de nuestra íntima historia y no es temerario aventurar que de los tiempos venideros. Su difícil fórmula es trabajar cuando los demás estamos dormidos o soñolientos y tenemos los ojos emborronados. Ya nos daremos cuenta cuando pase el tiempo, que «ni se para ni tropieza», de la dimensión de esta persona. Francia ya la ha advertido, pero él lleva las condecoraciones por dentro. Si no tuviera ningún defecto no sería humano, pero no ha probado nunca el alcohol y por lo tanto no sabemos si le gusta, ya que solo quien lo probó lo sabe y a algunos nos sabe a poco. La perfección es irritante y tiene más admiradores que seguidores. Ahora estamos investigando la huida del dinero en Cataluña y la mundial repercusión del referendum. Una larga tarea que nunca veremos concluida las personas de mi abusiva edad. Los poetas dicen que la seguridad es un insecto que anida en los volantes de la luz. El gran Luis Cernuda, al que por cierto solo yo, que entonces escribía en el 'Ya', recordó el día de su muerte. Lo digo por alabarme.

El indeseable Puigdemont pide que se aplace el llamado efecto dominó y Rajoy dice que sustituirá al Govern si tiene que aplicar el artículo 155. El plazo no es tan breve y tiene dos opciones: mandar al president a la peluquería o a la cárcel. Ninguna de las dos es buena, pero hay que optar por una o por otra. Al que no tiene dinero, según la copla carcelaria, lo afeitan con agua fría y los bancos no reconocen una Cataluña independiente.

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