La Rioja

GENTE QUE SOBRA EN LA TELE

Kiko, Chabelita, la sobrina, Dulce la niñera, Pepi la exasistenta, antiguas parejas y actuales, primos y demás familia. La web Vertele ha publicado un ilustrativo árbol catódico con los parientes o similar de Isabel Pantoja que estaban haciendo, si no fortuna, al menos sí un dinerillo en la tele por la única razón de estar relacionados de un modo u otro con la tonadillera. La lista trascendía la parentela más cercana y las amistades más profundas para abrirse camino entre una variopinta tipología de ex: exnovios, examigas, exchóferes... Y todos han ido encontrando su hueco: 'Hombres, Mujeres y Viceversa', 'Supervivientes', polígrafos... previo paso por caja, que la de Telecinco se ve que da para todos.

No es que ellos tengan menos derecho a salir en la televisión que otros, pero sí estaría bien que ellos salieran menos y que otros salieran más. Entre los que debieran salir menos también, Ignacio Arsuaga, presidente de Hazte Oír. El otro día le entrevistó Susanna Griso en 'Espejo Público' y dijo que si tuviera un hijo homosexual «trataría de buscar ayuda». Y lo de la ayuda lo decía por el hijo, no por él.

Más gente a la que no te apetece ver en la tele... Al expresidente José María Aznar, al que los periodistas abordaron por la calle para pedirle una declaración tras los atentados de Londres. Lo hizo, y luego (luego no, seguido) felicitó al Real Madrid por el triunfo en la Champions. Al lado, su mujer, Ana Botella, media sonrisa igual para el atentado que para el fútbol.

Aznar ya no está en el cargo, pero a alguien que ha ocupado la presidencia del país no se le presupone ese tipo de torpeza. Debería exigírsele, de hecho, que no fuera tan torpe, o tan desconsiderado, o tan desubicado... Igual que a la gente que sale en los programas, aunque sean de entretenimiento, se les debería reclamar algo más en las credenciales que ser la prima tercera de la Pantoja; y a alguien que ocupa el máximo cargo en una organización (del tipo que sea), que la libertad de sus reclamas no pise la libertad del de enfrente. Y si no son capaces de cumplir esas exigencias, tan básicas, tan obvias, tan necesarias para la convivencia entre gente diferente, es tan sencillo como no dejarles sitio en televisión.

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