La Rioja

RODOLFO Y PAULA

El Príncipe' ha sido el último gran pelotazo de la ficción española. Un género cada vez más afianzado pero al que se le complican las cosas. Por la competencia habitual entre las propias series y por la que representan las extranjeras, que ya no son una cosa minoritaria, sino que entran en el paquete de oferta (a buen precio) de las plataformas de pago. La manera de hacer frente a la competencia no tiene misterio: hacer productos cada vez mejores.

Como la oferta es amplia, también es heterogéneo el resultado. Y por cada serie española que pega el bombazo hay muchas más que lo pegan menos e incluso alguna que se pega un batacazo, especialmente las comedias, incapaces de resistir la comparación con la saga de 'La que se avecina'.

Los dos últimos títulos que se han despedido de la pantalla lo han hecho la semana pasada, a la vez y definitivamente. El lunes pasado terminó 'Mar de plástico' y el miércoles, 'Velvet'. El eco ha sido desigual, inclinando la balanza de la popularidad hacia la serie de Antena 3.

Pero ha habido una coincidencia más allá de la temporal. Es la forma de acabar. No es que hayan tenido el mismo final, es que han tenido un final distinto a cualquier otra serie. En el caso de 'Mar de plástico' se dio al espectador la opción de elegir entre dos posibles desenlaces, justicia o venganza. Y eligieron la primera opción, aunque luego emitieron las dos. La diferencia es sustancial en el contenido pero se concreta en una sola escena de Rodolfo Sancho, al que por cierto nos encantó ver sonriente en el modesto coloquio que organizaron después. En 'Velvet' la novedad ha sido que en el capítulo final hubo conexiones en directo. A la gente le encantó y lo siguieron masivamente: 4,3 millones de espectadores, una cifra realmente excepcional teniendo en cuenta que a la vez terminaba 'La Voz' en Telecinco.

Al margen de que hayan estado acertados con ello o no, innovar en los episodios finales ha demostrado que los guionistas y los directores de las series españolas están atentos a los nuevos tiempos, a la competencia, que buscan caminos nuevos. Quizá no son estos (los caminos) pero hay una actitud, la de no quedarse parados.