La Rioja

GLAMOUR FRANQUISTA

Al igual que 'Velvet', 'Lo que escondían sus ojos' revisita el franquismo desde la óptica del glamour y el folletín. Hay algo descorazonador -por no decir abyecto- en mostrar al filonazi Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores y cuñadísimo de Franco, como un galán de telenovela con el bello rostró de Rubén Cortada, una esfinge interpretativa luchando por camuflar el acento cubano. El amigo de Hitler que gestionó la deportación de miles de republicanos a los campos de concentración es en la nueva miniserie de Tele 5, basada en un libro de la periodista Nieves Herrero, un hombre abrasado por el fuego de su pasión amorosa con Sonsoles de Icaza, marquesa de Llanzol y musa del modisto Balenciaga (Blanca Suárez).

Memoria histórica aparte, 'Lo que escondían sus ojos' es la enésima prueba de la poca valentía de las cadenas a la hora de abordar la ficción. Como viene siendo habitual, un programa previo y otro posterior destrozan las mejores escenas y dan toda la trama machacadita por si algún espectador lerdo tiene dificultades en seguirla. ¿Se imaginan que en el cine siempre proyectaran el 'cómo se hizo' antes de la película? Sobreiluminada como un quirófano, con una música machacona y omnipresente que remarca la acción, esta es otra de esas series históricas donde todo canta a nuevo: los vestidos, los escenarios, la ambientación...

Valga como ejemplo de lo poco que confían las televisiones en la audiencia una escena digna de 'La Hora Chanante'. El embajador de Reino Unido en Madrid se reúne con Serrano Suñer y habla en un castellano con acento inglés. Tras su marcha, pide a su secretaria que le pongan al teléfono con el gabinete de Churchill... y sigue hablando en español. Ni siquiera se permiten unos segundos de subtítulos, por miedo a que alguien piense que está ante una película en versión original y cambie de inmediato de canal. Lo más salvable de este éxito de audiencia (3,3 millones de espectadores, por detrás de 'MasterChef Celebrity') es el retrato de Franco, encarnado por un Javier Gutiérrez capaz de lograr que la vocecilla atiplada del dictador no resulte caricaturesca.