La Rioja

LAS LÁGRIMAS DE LA LOTERÍA

Esta columna debería dedicarse a un acontecimiento insólito, histórico: Mediaset ha realizado un programa de libros. Para colmo, lo presenta Mercedes Milá, que durante quince años ha estado al frente de 'Gran Hermano', el espacio más embrutecedor de la pequeña pantalla. La periodista quizá quiera lavar su mala conciencia, pero como 'Convénzeme' se emite en uno de esos canales perdidos de la TDT sin apenas audiencia seguramente nunca más volveremos a hablar de él.

No. La atención de los espectadores televisivos esta semana no ha estado en los libros, sino en el anuncio de la Lotería de Navidad, que en los últimos años se analiza bajo un único parámetro: su capacidad para hacer llorar. ¿Qué ocurrió para que la ensoñación y la magia personificada en aquel calvo vestido de negro que repartía fortuna haya sido sustituida por la lágrima fácil? Loterías y Apuestas del Estado se quedó con la repercusión obtenida por los anuncios de Campofrío, que desde 2011 apostó por la emoción recurriendo a conceptos como el costumbrismo, la nostalgia y la solidaridad en tiempos de crisis. Hace dos años, el bar de Antonio obligó a toda España a sacar el clínex. Su mérito, pinchar en los dos sitios donde más duele: el corazón y el bolsillo. Porque, ¿cuántas veces hemos pensado cómo nos sentiríamos si toca la lotería en nuestra oficina o en nuestro bar y nosotros no hemos comprado un décimo?

El último spot va un poco más allá al presentar a un personaje adorable hasta la náusea: una maestra jubilada de un pintoresco pueblo de la costa asturiana. Quizá a un paso del alzhéimer, la protagonista cree por error que le ha tocado el Gordo y toda su familia y sus vecinos mantienen la comedia para no desilusionarla. Si Roberto Benigni hacía pasar un campo de concentración por un balneario a los ojos de su hijo, la abuelita Carmina vive la fantasía de una lluvia de millones, aunque al final descubramos que quizá no haya que sacarle de su equívoco. A Juan Carlos Monedero le estremece que el anuncio de la Lotería sea el más caro del año. «Parece que el mensaje del Gobierno es que compres un décimo y que alguno se salvará». Él no juega.