La Rioja

JALIS, ENVIADO ESPECIAL

De ser invisibles los periodistas hemos pasado a convertirnos en una marca. Antes los diarios solo mostraban el nombre de sus redactores; ahora se impone la fotografía junto al correo electrónico y la cuenta de Twitter. En la era de las redes sociales, se sigue a un comunicador independientemente del medio donde trabaje. «En el pasado eras lo que tenías, ahora eres lo que compartes», alecciona Godfried Boogaard. Ese ansia de protagonismo se exacerba en la pequeña pantalla, donde cada contertulio pelea y se eleva de la silla espoleado por el hambre de ser 'trending topic'. Ocurre en el estercolero de 'Sálvame' y en los debates políticos de La Sexta. También en el bar de alterne de Cárdenas en la pública, pagado con nuestros impuestos, con colaboradores que no se sabe muy bien qué pintan allí. Como el programa.

Al lado de tanto personalismo gritón y gesticulante, resulta un alivio asistir a los reportajes de Jalis de la Serna en La Sexta. Jalis. Hasta el nombre lleva a la simpatía. Victoriano de la Serna, nieto del torero homónimo, se mueve por el mundo con una suerte de pachorra y determinación, en las antípodas del reportero estrella con hambre de cámara. Esta semana, al conductor de 'Enviado especial' le tocó penetrar en la bóveda construida por el Gobierno noruego en el Ártico para preservar cientos de miles de semillas traídas de todos los puntos del planeta. Bajito y regordete, Jalis atendía las explicaciones de los científicos nórdicos mientras se helaba de frío. Escuchaba, que es algo que muchos periodistas parecen haber olvidado.

La personalidad es clave en la labor de los reporteros televisivos, que si se pasan de protagonistas acaban como Michael Moore y si son sosainas terminan en 'Comando actualidad'. Jalis de la Serna se limita a contarnos lo que ve sin echarle teatro, a preguntar con esa falsa inocencia que tantos réditos le ha dado a Jordi Évole y a mantener el tipo ante un jeque catarí o un sicario de Pablo Escobar. Para colmo, Jalis confesaba en una entrevista ser taurino, del Atlético y vivir en una dieta continua rota con atracones de gambas rojas y nécoras. ¿Cabe describir mejor a un periodista con los pies en la tierra?