La Rioja

CHICHO

El momento más emocionante de la televisión en los últimos tiempos se lo debemos a Andreu Buenafuente, que en 'Late Motiv' sorprendió a Juan Antonio Bayona, director de 'Un monstruo viene a verme', con la aparición de Chicho Ibáñez Serrador. A sus 81 años, Chicho entró en el plató en una silla de ruedas empujada por su hijo. Toda una generación no pudimos evitar pensar que era una comedia y que en cualquier momento saltaría de la silla para agarrar un puro y hablar a la cámara con voz pausada y amenazante. Como hacía cada final de temporada del 'Un, dos, tres.', cuando divagaba, socarrón, junto a un ataúd y dejaba la tapa a medio clavar: «Quién sabe, quizá podría volver a despertarse.».

Como agradeció Bayona con lágrimas en los ojos, para los niños que crecimos con dos canales Chicho es lo más parecido a un padre espiritual. Entre otros millones de hazañas, institucionalizó entre nosotros la figura del 'host' o presentador de una serie, a la manera de Alfred Hitchcock o Rod Serling. Nos descubrió que el terror podía ser gozoso y divertido con sus 'Historias para no dormir' y mantuvo pegado a un país al destino de una calabaza durante 33 años, reuniendo cada viernes a 11 millones de personas. Antes de inventar la tele en España vivió varias vidas: fue camarero, fotógrafo de prensa, corresponsal de guerra, estraperlista, presentador en un club de El Cairo.

«Yo voy donde oigo aplausos», contó con voz débil a Buenafuente el director de '¿Quién puede matar a un niño?', que aconsejó a Bayona sentir algo de verdad antes de intentar transmitírselo al gran público. En 2004, Televisión Española retiró el 'Un, dos, tres' por considerarlo caro. «Me han dado una patada después de cuarenta años de lealtad», se dolió entonces. Tele 5 lo recuperó para coordinar el ciclo de 'Películas para no dormir'. Y suspendió la serie a los dos capítulos. Ni siquiera se dignó a emitir 'La culpa', la última realización del maestro. Chicho Ibáñez Serrador nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio y supo que el principal objetivo de un programa es entretener. Después de todo, como solía aleccionar, «la tele es el medio más fácil de que te entren ganas de ir al baño».