La Rioja

LA SONATA DEL SILENCIO

Leí que en la presentación de 'La sonata del silencio' se decía de ella que representaba «un paso adelante» de la ficción nacional. Cada vez que alguien asegura que una serie española va a marcar un antes y un después muere un gatito. O dos. Se dijo de 'Refugiados', de 'El Príncipe', de 'Vis a Vis'. Y luego se estrenaron, se emitieron, terminaron y nos quedamos igual. Y no digo yo que todas ellas no fueran unas propuestas dignas y con algunos hallazgos, pero un gran cambio, lo que se dice un gran cambio, avance o transformación no provocaron. 'La sonata del silencio' me temo que tampoco. Y no porque sea una mala producción, que no lo es, sino porque no aprovecha todos los medios que tiene a su disposición para realizar un producto diferente, que sorprenda o enganche. Tiene un reparto potente, sí. Y una factura técnica notable. Y aún así no brilla.

Se estrenó hace un par de semanas en TVE sin meter mucho ruido. Reunió a un número correcto de espectadores pero no se impuso con contundencia a unos rivales endebles, ni al especial de 'El Hormiguero', ni al cine, ni a un debate de 'Gran Hermano' en horas bajas. ¿Por qué?

'La sonata' es un drama de época en torno a una madre y a una hija que en los años 40 pretenden cambiar el mundo que les rodea y se hallan inmersas en una guerra abierta entre dos poderosas familias: Los Figueroa y Los Montejano. En el fondo no cuenta nada que no hayamos visto antes en seriales vespertinos como 'Amar en tiempos revueltos', 'Seis hermanas' o 'Acacias 38', solo que lo hace con un presupuesto más amplio. Y sin embargo esto no le ayuda demasiado. Gracias a ese presupuesto puede contar con actores de renombre, y aún así a algunos se les ve forzados y a otros en un papel que no les corresponde (bien porque no son tan mayores como para tener una hija de esa edad, o bien porque su físico no corresponde con el monstruo que describen). Y gracias a ese dinero la realización, ambientación y puesta en escena está muy cuidada, tanto que parece artificial. Todo eso, y una trama que discurre más lenta de lo que sería deseable, sacan al espectador de la historia. O no dejan que entre. Y es una pena.