La Rioja

HORMIGUERO

El programa de Pablo Motos ha regresado a Antena 3 en perfecta forma, con unos datos de audiencia altos y logrando varios días el minuto de oro. Esto para un espacio que lleva once temporadas es, además de buenísima, una noticia casi marciana en un tiempo en que lo efímero manda y todo pasa de moda en cinco minutos. Pues bien, sobreviviendo a modas y tendencias, ahí sigue 'El Hormiguero', como telonero de la programación de noche. Entretiene a mucha gente y en ocasiones logra objetivos tan encomiables como el de esta semana en que ha recaudado 100.000 euros para la investigación en la lucha contra la leucemia. A Motos hay que reconocerle una capacidad de renovación increíble (cada inicio de curso incluye nuevos colaboradores y secciones), un poder de convocatoria único en la tele nacional (anoche estuvieron Jonah Hill y Miles Teller y en unos días repetirá Hugh Jackman) y un entusiasmo que no decae por mucho que lleve años y años entre hormigas.

Dicho esto, no se me ocurre un plan menos apetecible que acudir como invitado a 'El Hormiguero'. Lo pensaba el otro día al ver los esfuerzos que hacía Penélope Cruz para parecer que estaba disfrutando de la entrevista. Lo de entrevista es un decir, porque a los que asisten a este programa normalmente se les hacen tres o cuatro preguntas sueltas de su trabajo y el resto del tiempo lo dedican a que participen en experimentos, juegos y otras actividades variadas. Lo mismo les toca disfrazarse, apagar un fuego, mezclar líquidos o saltar a la comba. Todo sea por el espectáculo. Cruz tuvo que dibujar con chocolate en la nariz y competir con Motos para ver quién tardaba más en pestañear. Dos retos apasionantes, sin duda. Más tarde le preguntaron si duerme desnuda y si reutiliza las camisetas viejas de Bardem, cuestiones que cualquier cinéfilo ardía en deseos de conocer.

Son las reglas de la promoción, que obligan a los artistas a participar en saraos dispares para llegar a públicos diversos. Esto es así. A todos en nuestros trabajos nos toca asumir sacrificios de vez en cuando. Cruz había evitado este en varias ocasiones. No le faltaban razones.