EL TRIUNFO SE QUEDA EN CASA

PACO AGUADO - CRÍTICA DE TOROS

Por raro acaso en los más de veinte años en que se viene celebrando en Pamplona la corrida del arte del rejoneo, esta vez no hubo orejas para la gran figura navarra, el maestro Hermoso de Mendoza.

Pero, finalmente, el orgullo local quedó más que resarcido, pues la habitual salida a hombros del de Estella la ha protagonizado esta vez Roberto Armendáriz, otro paisano, de Noaín, que ha paseado hasta cuatro orejas por el ruedo pamplonés.

La actuación de Armendáriz ha tenido también su parte emocional, pues el jinete no pudo montar sus caballos hasta primeros de junio, después de sufrir tres meses antes un grave accidente de tráfico que le afectó seriamente las vértebras.

En cambio, tan larga convalecencia no ha sido óbice para que este otro rejoneador navarro se luciera con sus dos toros, y sobre todo con el primero del lote, que fue el más reservón de la enclasada corrida de Capea.

Con éste lo ha tendido que poner casi todo Armendáriz, dejándose ver y atacando, primero de lejos, después en corto, en cada embroque con las banderillas, para matarlo después de un rejonazo que ha ayudado mucho para la concesión del primer doble trofeo.

Tanto o más decisivo para redondear el «marcador» con otras dos orejas ha sido también el fulminante efecto del rejón de muerte con que acabó con el sexto, un toro muy voluminoso pero con mucho temple en sus embestidas y ante el que Armendáriz ha lucido menos y sin tanto eco en el tendido.

En la salida a hombros le ha acompañado Leonardo Hernández, con un trofeo de cada uno de sus astados. Especial mérito ha tenido su faena al segundo de la tarde, bravo y con calidad, aunque pareció venirse abajo tras el rejón de castigo.

Pero el valor de «Sol», un caballo albino que se dejó llegar los pitones a la grupa para encerlarlo, ayudó decididamente a que el animal se creciera y facilitara un vibrante final de obra de Hernández.

El quinto, en cambio, se ha parado pronto, y Hernández ha tenido que tirar de repertorio, como en un buen par a dos manos, así como de adornos y alardes para poder cortar esa oreja que impidió que abandonara la plaza por su pie.

La extraña noticia del festejo fue que Hermoso de Mendoza, el culpable de que el rejoneo se haya institucionalizado en los sanfermines, se fuera de Pamplona de vacío.

La explicación de la excepción estuvo, únicamente, en sus fallos con el rejón de muerte, a falta de un caballo mejor capacitado. Pero antes de esos únicos errores, Hermoso dio todo un recital de aciertos, por pureza, maestría lidiadora, temple y naturalidad, ante dos buenos ejemplares en los volvió a hacer el toreo a caballo, en toda la extensión de la palabra.

A la muerte de su primero se produjo la anécdota de la corrida, cuando, en días de especial actividad antitaurina en busca de la gran resonancia mediática de los sanfermines, se arrojaron al ruedo dos activistas antitaurinos.

Para uno de ellos, el ya famoso holandés Peter Janssen, el juzgado de instrucción número 7 de Madrid dictó orden de busca y captura a finales de marzo. ¿Le habrán localizado por fin?

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