EL TRIUNFO DE 'OT'

CARLOS SANTAMARÍA ANECDOTARIO

En las elecciones rusas de 1996 Yeltsin temía que los votantes se fuesen de las ciudades aprovechando el buen tiempo, y para evitarlo obligó a programar tres nuevos capítulos de una telenovela brasileña a la que el país entero se había enganchado. La gente decidió quedarse a ver 'Tropikanka' (que así se llamaba el culebrón) y luego se fue a votar; Yeltsin evitó la abstención y logró ser reelegido. Este caso se estudia en las facultades de periodismo, igual que el famoso debate televisado que mantuvieron Nixon y Kennedy en 1960.

La influencia de la televisión en las vidas de la gente es inmensa. Durante los años dorados del 'Un, dos, tres' el programa no acababa al apagar la televisión, el brillo de la pantalla perduraba en las retinas mucho tiempo, y su eco seguía resonando durante días por todas partes, en las conversaciones del trabajo, en las charlas de barra del bar o en la fila de la carnicería. Los buenos programas, igual que los buenos libros, nunca terminan del todo, se dilatan en el tiempo y perduran flotando secretamente entre nosotros. El gol de Iniesta que vimos en la pantalla sigue ocurriendo hoy; a cada rato regresa ese zapatazo eléctrico, ese instante tan fugaz y tan a cámara lenta. Basta con cerrar los ojos y es otra vez 11 de julio de 2010, y entonces la coge Navas y ocurre todo de nuevo, y Camacho desatado, chiflado, loco, feliz, gritando a los cuatro vientos '¡Iniesta de mi vida!'.

Son fenómenos que pasan pocas veces, pero ha vuelto a suceder con 'Operación Triunfo'. El programa ha finalizado pero no acaba de concluir, sigue vivo, no termina. Stendhal decía que las novelas tenían que ser espejos de la vida real, que a veces debían mostrarnos el brillo del cielo y otras el barro del camino. Es lo que ha ocurrido con esta edición de 'OT', que ha reunido a un grupo de gente en el que el público se reconocía semana tras semana; un espejo. Después de tantos 'reality shows' con personajes absurdos y conflictos imposibles ha acabado funcionando un programa con gente talentosa pero sobre todo natural. La paradoja es que hoy en día ver a personas normales y corrientes en 'prime time' sea algo tan extraordinario.

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