TONTOS DE REMATE

CARLOS SANTAMARÍA ANECDOTARIO

Gabino Diego me contaba una vez que en el cine lo difícil no es hacer de tonto, «lo verdaderamente complicado» -me decía- «es hacer de medio tonto». Esto me lo confesaba mientras hablábamos de su papel en 'Torrente, el brazo tonto de la ley' donde interpretaba al 'Cuco', ese yonqui bobo y adorable que acompañaba a Torrente en sus desastrosas aventuras y al que al final acabamos cogiendo cariño. Hay tontos -o medio tontos- entrañables, como el Cuco de Torrente, o aquel memorable estúpido de François Pignon de 'La cena de los idiotas' que interpretó de manera brillantísima el desaparecido Jacques Villeret. A estos tontos los adoramos porque son de mentira, pura ficción, caricatura. A los otros, a los de verdad, no los queremos ver ni en foto. Ahí está Gabriel Rufián cuyo empeño en hacer el payaso en cuanto tiene ocasión roza ya en lo criminal; cuando se le acabe el chollo y vuelva a la fila del paro, las sandeces de este diputado no las va a extrañar ni la madre que lo parió.

Vivimos una eclosión de tontos de remate porque estamos en la época del pensamiento superficial en la que cualquier majadero dispone del altavoz de las redes sociales; ahí encuentran el aplauso de otros muchos que como ellos andan faltos de entendimiento. Como hay poca capacidad de análisis y escasea la reflexión mucha gente se entrega a la pseudo ciencia y abrazan teorías como que La Tierra es plana, que los dinosaurios no existieron o que Cervantes era catalán. Un vídeo de Youtube afirma que comer limón ayuda a combatir el cáncer mucho mejor que la quimioterapia; tiene más de un millón de visualizaciones.

Acabamos de saber que la eurodiputada gallega María Lidia Senra Rodríguez ha puesto en duda «la efectividad y seguridad de las vacunas». Dijo esta barbaridad en la Comisión Europea y ante la avalancha de críticas de médicos, especialistas y ciudadanos sensatos lo único que ha hecho es ratificarse en su disparate. Estamos rodeados, salen por todas partes y lo triste es que algunos son necios a tiempo completo porque disfrutan de sueldo, dietas y escaño que pagamos entre todos. Es la época en la que vivimos, y que esta bochornosa tropa represente a millones de personas tampoco es casualidad.

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