De la tomografía de muones a la extinción de los dinosaurios

L. A. G.

Los muones son partículas subatómicas que se producen cuando los rayos cósmicos impactan con la atmósfera. Chocan, a una velocidad próxima a la de la luz, unos 10.000 muones por metro cuadrado por minuto. Y se comportan de un modo diferente en la piedra o el aire.

A finales de los años 60, el físico estadounidense de origen español Luis Álvarez utilizó por primera vez detectores de muones para buscar cámaras ocultas en la pirámide, de Kefrén. No las encontró. Físico del proyecto Manhattan y premio Nobel, Luis Álvarez y su hijo Walter, geólogo, descubrieron en los años 80 una capa de iridio embutida entre las rocas cretácicas, con restos de dinosaurios, y las terciarias, ya sin rastro de esos animales.

Como el iridio es muy raro en la Tierra, pero abundante en meteoritos, propusieron la hipótesis de que procedía de un asteroide que habría chocado contra nuestro planeta y causó la extinción de los dinosaurios. Nadie les creyó, pero las pruebas acabaron demostrando que así había sido.

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