TIRANDO PIEDRAS

TIRANDO PIEDRAS

JONÁS SAINZ CRÍTICA DE TEATRO

Ahora que los mayores se alzan en pie de guerra por las pensiones, sería revolucionario que los más jóvenes os manifestarais en lugares como el teatro. Aunque solo sea por la poesía y por la rabia que da la prosaica sociedad del siglo XXI; no heredaréis más legado que ese. La Joven Compañía podría portar la pancarta y 'La edad de la ira' ser su lema. Algo así como: no hay futuro ni puta falta que nos hace. O también: aún no sé quién soy, solo sé que no quiero ser un maldito viejo como tú. Estáis en vuestro derecho de volver a hacer lo que ya hicieron antes tantas generaciones: matar al padre. Killing in the name, sí. Rage against the machine, claro. Ojalá vosotros no fracaséis cuando toque ir más allá; ojalá después de hacerlo no terminéis convirtiéndoos en aquello mismo que tanto odiáis. Os guste o no, sois los hombres y mujeres del mañana.

La interesante reescritura dramática realizada por Fernando López de su propia novela homónima, finalista del Nadal 2010, empieza como un thriller, con el asesinato de un hombre supuestamente a manos de su hijo, para a continuación ir recreando unos cuantos conflictos de la adolescencia: la búsqueda de la propia identidad, la aceptación propia y ajena, el ahogo familiar y social, el acoso escolar y sexual, la homofobia, la violencia machista... No por recurrentes dejan de ser oportunos. Y aunque algo estereotipados, los personajes muestran bien a esos chicos de instituto en un momento vital explosivo, con sus miedos, sus deseos, su sueños y pesadillas.

«Hace tiempo que nos odiamos. Es mutuo, supongo. A mi padre nunca le he gustado». Marcos empieza fuerte, hablando claro. Tiene quince años, la edad en la que le dieron una entrada gratis al infierno. Magnífica definición; nadie te va a regalar el paraíso, pero al infierno te envían a patadas. Él es gay o quizás no; en realidad qué más da, a nadie debería importarle. Aunque importa, siempre importa ser diferente a la mayoría; los palos siempre van a la oveja negra del rebaño. El infierno es la adolescencia, pero es también la época de la inmortalidad y los amigos. Edad dorada. Tener quince, cuando la gente de diecisiete ya es vieja y aburrida y empiezan a estar muertos. «A esta edad -dice Marcos- no se tiene paciencia. Se tiene sangre. Se tiene vida. Se tiene instinto. Se tiene esta furia que me sube por todo el cuerpo y que no sé cuánto tiempo más voy a poder contener».

Pero no solo habla él. 'La edad de la ira' da voz a toda una generación perdida en un retrato realista y desgarrado, un grito rebelde por la identidad y el derecho a la diferencia que José Luis Arellano y los actores de La Joven Compañía ponen en escena con el compromiso auténtico de quien cree en lo que hace. Bravo. Los jóvenes deberíais llenar los teatros para verlo.

Nosotros, los viejos, tuvimos de ejemplo a un tal James Dean y a veces todavía nos recordamos tirando piedras a una casa blanca al este del edén. ¿O era rebelde sin causa?

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