UN 'THYSSEN' PARA LA RIOJA

ALBERTO PIZARRO CRÍTICO DE ARTE

Con franco entusiasmo, Leonor Glez. Menorca y Eduardo Rodríguez Osés me habían hablado del palacio restaurado en Cellorigo por Luis Guinea y de las obras que atesora. Aunque a Luisón -así le llamaban sus compañeros de instituto- le empezaron a celebrar como dibujante entonces, no se decidió a pintar hasta 1959, mayormente por halagar a su novia con un retrato. La obra fue tan celebrada que le animó a seguir pintando; de suerte que cuando se enrumbaron las relaciones con su segunda novia, que acabaría siendo su esposa, recurrió a idéntico obsequio. Esos fueron los inicios como pintor del funcionario mirandés, hoy jubilado, que tras varios destinos acabó afincándose en Algeciras.

Pero los 1.200 kilómetros que distan entre esa capital andaluza y Cellorigo no le hicieron olvidar las vacaciones de cuando era chico, en las que sus padres le llevaban por los escarpados parajes en cuya falda se alzaba la torre-fuerte y casa de los Frías Salazar. Así que cuando reunió los caudales suficientes se decidió a comprarla. Pero finalizando la década de los 80, ya reconstruida -con paciencia, respeto y gusto- se dijo: «Hay que llenar estas paredes». Y animoso y animado se puso a ello.

A lo largo de su carrera pictórica, de autodidactismo puro, ha pintado del orden de 120 cuadros, casi todos dignísimas copias de grandes maestros. Hay que estar muy bien preparado y tener muchas ganas de retarse para reproducir cuadros de Vermeer a formato grande, o meterse con Velázquez, Murillo, Goya, etc. Además de con esos, también se fajó con retratos de creación propia que representaban a hijos y nietos, y solamente con unos pocos paisajes urbanos. Entre tantas altas dignidades eclesiásticas, pomposos reyes, gloriosos guerreros y emperifolladas damas, que decoran las tres plantas del palacio, a mí me pareció que faltaba un torero macho. Le lancé el guante. Con 84 años, don Luis lo recogió, entendiendo que la efigie de un egregio matador argumentaría mejor su museo. Y se va a poner a ello.

Pero como los fríos del otoño se le están empezando a meter en los huesos, en breve regresará a Algeciras, para cuando en primavera temple por aquí arriba volver a la deleitosa soledad de Cellorigo... Salvo que le dé la cariñada y se presente aquí para pasar unos días en meses de nieve y hielo.

El Museo Thyssen-Bornemisza, surgido del arrendamiento y posterior adquisición por parte del Gobierno español de las obras más valiosas de la pinacoteca de esa familia, vino a complementar lo expuesto en el Museo del Prado y en el Museo Reina Sofía. Incorporando el palacio Frías Salazar al Museo de Logroño y al de Haro podríamos tener en La Rioja un triángulo de arte parecido. Un convenio entre el Gobierno de La Rioja y el propietario podría hacer que se abriera al público y se expusieran parte de las obras de Guinea y las de otros reputados artistas riojanos. Sería un magnífico logro.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos