Dos tercios de los padres rechazan que Religión cuente para la nota

La mayoría de las AMPA españolas considera excesivo el volumen de deberes y abogan por que la parte fundamental se haga en el aula

ALFONSO TORICES

Madrid. La gran mayoría de los padres de alumnos españoles, aproximadamente dos tercios, están en total desacuerdo con uno de los cambios más polémicos que el PP introdujo mediante la Lomce en el currículo de colegios e institutos: convertir en evaluable la asignatura de Religión y devaluar y dejar en optativa la educación en valores. Es una de las conclusiones de 'Las AMPA en el sistema escolar español', un estudio realizado por BBVA y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) a partir de las respuestas de «una muestra representativa» de asociaciones de todas las autonomías y de las distintas redes educativas.

El 65,2% de los padres y madres considera que Religión es una asignatura que debe quedar fuera del currículo oficial, con lo que incluso apuntan a que no se curse en horario lectivo, y, desde luego, demandan que deje de ser evaluable, que deje de contar para la nota del curso y la etapa. Por contra, el 86% está de acuerdo, o muy de acuerdo, en que la educación en valores está actualmente arrinconada en el currículo -con la Lomce es solo una alternativa a Religión- y el 60% reclama que se convierta en una materia específica y presente en todos los centros.

Estas demandas están en discusión en dos de los 15 grandes puntos que ahora debaten los partidos del Congreso en busca de un pacto educativo. La necesidad de fortalecer la educación en valores cívicos y constitucionales -que ahondaría en la igualdad de género- la comparten todas las formaciones, que, sin embargo, deben decidir si se plasma en una asignatura o en contenidos transversales del currículo. Distinto es el caso de la Religión. El PSOE y Podemos reclaman que salga del currículo y no se evalúe, mientras el PP defiende que mantenga su presencia y la nota.

Lo que sí es unánime entre los padres (99,4%) es la necesidad de un pacto de Estado por la educación que dé estabilidad al sistema y que lo deje a salvo de los cambios de Gobierno. Ese acuerdo, defiende el 95%, debe mantener la gratuidad como pilar básico del sistema y dar un claro apoyo a la escuela pública.

También muestran un alto consenso en que los colegios ponen una cantidad excesiva de deberes y en que estas tareas deberían ser ejercicios de refuerzo y realizarse mayoritariamente en el propio centro educativo. Que sean una tarea dentro del aula lo reclama un 48,4% y otro 36% piensa que sería lo deseable. Quienes defienden que hay que rebajar la cantidad de deberes son el 34,8%, frente al 16,8% que cree que no hay que tocarlos. La mayoría no considera el acoso escolar como un problema «muy presente» en su centro. Descartan esta idea con rotundidad un 41% y solo ven el problema así de alarmante el 13,7%.

El estudio constata que los padres tienen una implicación muy baja y que las asociaciones sobreviven en la precariedad más absoluta. Una de cada dos AMPA depende del impulso de menos de diez padres -solo el 20% tiene más de 20 miembros- y tienen un claro sesgo de género, pues el 80% de su sostén son las madres.

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