TAUROMAQUIA IMAGINARIA

ALBERTO PIZARRO

El culto aperitivo que para los sanmateos taurinos nos venía ofreciendo la Universidad de La Rioja con el curso 'Derecho, toros y sociedad', que con tanto entusiasmo dirigía el profesor Ruiz de Palacios, no vamos a poder disfrutarlo ya. Parece que por nuestra alma máter soplan vientos de indiferencia o de taurofobia. Empero, el Museo de La Rioja nos ofrece otro que, si no vicario, será más del gusto de los aficionados a la plástica que a la tauromaquia. Hasta el día después de la quema de la cuba expondrá el turolense Juan Iranzo, quien el 24 de agosto hizo el paseíllo con la montera calada, pues en los sanmateos 2016 había colgado 'El cartel taurino' en el Instituto Riojano de la Juventud. Muestra que fue excelentemente acogida por la afición no enranciada, al suponer un preciado eupéptico para tanta degustación, figureo de los políticos, matraca de las bandas, etc.

Renovador de la escultura y el cartel taurinos, autor de varios libros ilustrados sobre tauromaquia para niños y de la imagen corporativa de algunos toreros, presenta esculturas minimalistas inspiradas en los toros y el flamenco, marcadas por el lema 'Frente a la crisis, optimismo; ante los recortes, reciclaje'. Hechas con vigas de madera, desechos de chapa (flejes, rejillas) lastas de conserva, pequeñas piezas de hierro, ramas caídas, trozos de cepas, etc., me recuerdan los juguetes fabricados con cualquier cachivache por aquellos tan necesitados como imaginativos niños de mi infancia. Concuerdan con la escultura rupturista que afloró en el siglo XX como complementaria de la pintura en la búsqueda formal. La volumetría escultórica se utilizó entonces para verificar la validez estructural de la visión cromática, algo en lo que fue maestro el llorado Vicente Gallego. Y también se realizaron montajes utilizando fragmentos y objetos de uso cotidiano (Picasso, para quien los toros eran ángeles con cuernos, construyó una cabeza de toro con un sillín y un manillar de bicicleta). Por ahí labora Iranzo, aunque con una mayor complejidad, tomando objetos de la vida real e incorporándolos sin requilorios a obras, 'gestaltemas', a las que el espectador quizá no asigne siempre un valor estético, por no ajustarse a los cánones figurativo y de reposo de la escultura tradicional. Piezas de distintas calidades táctiles y poco peso para el volumen presentado, condicionadas por el componente azaroso que en la creatividad tienen los materiales encontrados. Sin embargo, la inspirada utilización de los mismos libera a las esculturas de uno de los lastres clásicos: el costo. Aun así, parece que se mueven. Y conmueven. Eso es la gracia. Como cuando el torero se acopla con el toro. Como cuando guitarrista y cantaor se 'enduendan' en la noche y el flamenco nos penetra hasta las cañas. Admirables.

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