Tabaco más caro para disuadir a los jóvenes

Tabaco más caro para disuadir a los jóvenes

Los expertos recuerdan que la edad media de inicio en el consumo de cigarrillos en España es de 13,9 años

DANIEL ROLDÁN MADRID.

«Los gobiernos tienen la obligación de velar por la salud pública y se trata de una norma que está en la mayoría de los países europeos y avanzados». El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero defendía hace doce años la entrada en vigor de la ley antitabaco, que limitaba por primera vez fumar en España. Un lustro más tarde se endurecía con la prohibición de consumir tabaco en cualquier lugar cerrado. Los beneficios de tal medida, según señala la Organización Médica Colegial (OMC), son evidentes, y ahora que el tabaco es visto como un problema de salud, la exposición de la población al humo del tabaco ambiental ha disminuido en un 57%, la contaminación interior en los locales de ocio ha caído en un 90% y el número de fumadores entre 2009 y 2014 se redujo en 1,2 millones de personas.

Un impacto positivo que se ha visto ralentizado en los últimos años. «Es necesario tomar más medidas», explica Regina Dalmau, presidenta del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), organización que aglutina a profesionales sanitarios y asociaciones para prevenir este consumo. Muchas de estas ideas para frenar la incidencia del tabaco -el 28% de la población se declara fumadora, según la última encuesta del Eurobarómetro publicada en mayo de 2017- reclamadas por los expertos están vinculadas al bolsillo. Por ejemplo, establecer una fiscalidad de los productos del tabaco semejante para todas las presentaciones. El objetivo es evitar que la afición a estos productos se desvíe a otros que puedan resultar más baratos. «El consumo de la picadura de tabaco ha aumentado un 43% desde el inicio de la crisis», incide Dalmau, que reclama más presencia institucional para alertar de los perjuicios del tabaco. «Desde 2006, el Gobierno no hace una campaña. Solo ha habido una en redes sociales», recuerda.

Además, una cajetilla muy cara es un elemento disuasor para el público más joven. «Es la medida que tiene más impacto. Porque cuando eres joven, la salud no te preocupa. El mensaje de la salud no cala entre los jóvenes y hay que buscar otras fórmulas», comenta la presidenta del CNPT. «En Australia, el paquete de cigarrillos cuesta 16 euros; en el Reino Unido, más de once euros, y tienen una de las tasas más bajas», añade el doctor Francisco Rodríguez, presidente de la Red Europea de Prevención del Tabaquismo (ENSP, por sus siglas en inglés). La Mesa del Tabaco, por el contrario, recuerda que el precio de la cajetilla ha subido un 75% desde el comienzo de la crisis.

Rodríguez pide iniciativas para intentar frenar que los jóvenes españoles comiencen a fumar. «Algo está fallando cuando la edad de inicio es de 13,9 años (último dato del Ministerio de Sanidad). No creo que sean los padres quienes les dan cigarrillos. Es otra cosa. Y no es solo en España sino en toda Europa», reflexiona Rodríguez, quien ofrece una posible solución. «Que se cumplan las leyes. Entonces el problema se atajaría».

Porque los expertos constatan que hay «una permisividad» en los espacios públicos. Algo que no es nuevo. La organización de consumidores OCU advertía hace dos años y medio de que el 87% de las terrazas analizadas en doce ciudades incumplían la normativa, que establece que no se puede fumar en una terraza cubierta que tenga más de dos muros o paredes. Y hace solo una semana, la Dirección General de Salud Pública y Participación de la Islas Baleares afirmaba que ocho de cada diez terrazas habilitadas se saltaban la ley.

Los médicos y profesionales que trabajan en la prevención del tabaquismo también quieren que se introduzca la cajetilla neutra, como han hecho Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Irlanda o Francia; y que se aumenten los espacios donde está prohibido fumar. Entre estos lugares se encuentran las paradas de transporte público, espacios naturales (por ejemplo, las playas), los estadios deportivos y el interior de los coches, sobre todo, cuando viajan menores, embarazadas o personas con problemas crónicos de salud. Esta última iniciativa es una de las más sencillas de implantar, ya que se puede introducir en la tramitación parlamentaria de la modificación de la Ley de Seguridad Vial, cuya reforma se abordará en los próximos meses en el Congreso de los Diputados y que fuentes parlamentarias aseguran que podrá salir adelante «sin problemas» y por consenso.

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