Una submarinista tras la esperanza

A los 83 años, la oceanógrafa Sylvia Earle suma un nuevo premio a su larga trayectoria dedicada a la conservación marina La 'dama de las profundidades' gana el Princesa de Asturias de la Concordia por su labor en los mares

DOMÉNICO CHIAPPE MADRID.

La 'dama de las profundidades' se ganó su apodo al liderar un equipo de submarinistas que vivió durante dos semanas a 18 metros de profundidad en los mares de las Islas Vírgenes. El proyecto Tektite, realizado en 1970, ha sido sólo una de las proezas de la oceanógrafa Sylvia Earle (Estados Unidos, 1935) en casi seis décadas de labor investigadora, cien expediciones y 7.000 horas de buceo. Su labor, sobre todo centrada en la divulgación científica, le ha valido el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2018. «Por su dedicación a la exploración e investigación de los océanos, el conocimiento de los fondos marinos y la conservación integral de los mares, que se ha convertido en uno de los desafíos medioambientales de nuestro tiempo», afirma el jurado del premio. «Su amplia labor ha sido fundamental para la toma de conciencia de la importancia de los océanos como una riqueza común, en grave riesgo por la acumulación de plásticos y vertidos contaminantes, que amenazan la salud humana y la biodiversidad en todo el planeta».

Centrada en la preservación de los océanos, fundó la alianza Mission Blue, «una organización sin fines de lucro dedicada a crear una red mundial de áreas marinas protegidas, para minimizar el impacto humano y brindarles una oportunidad de recuperación y florecimiento», según su página web. Uno de los lugares más recientes bautizado como 'hope spots' (puntos de esperanzas), ha sido el atolón de Palmira, una isla en el Pacífico bajo amenaza de convertirse en cementerio nuclear. «El espectacular entorno marino de Palmira es un recordatorio de cómo deberían ser nuestros arrecifes de coral, por su historia de recuperación y restauración de vida silvestre», dijo en esa ocasión Earle, que a sus 83 años sigue buceando y se sumergió en sus cristalinas aguas, cuando le concedió el estatus de «refugio» y «monumento marino».

Autora de libros y artículos relacionados con los océanos, como 'The oceans' (1969), 'The world is blue' (2009) o 'Blue hope' (2014), su pensamiento se puede resumir en sus propias palabras, cuando recibió el prestigioso premio TED, en 2009, y puso en marcha Mission Blue: «Usa todos los medios a tu disposición para apoyar el surgimiento de la red de áreas marinas protegidas globales, lugares de esperanza lo suficientemente grandes como para salvar y restaurar el océano, el corazón azul del planeta». Una premisa aplicada a su escritura y producciones audiovisuales para siempre divulgar su mensaje: «Mientras que aproximadamente el 12% de la tierra en todo el mundo está bajo alguna forma de protección, menos del 6% del océano está protegido».

Abundancia o diversidad

Con una labor investigadora en centros como la Academia de Ciencias de California, la Universidad de Harvard o el Instituto Radcliff, hasta ser la científica jefe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos en los noventa y exploradora residente de la National Geographic Society en la actualidad, el criterio de Earle para determinar la importancia de una zona marina se basa en que tenga «abundancia o diversidad de especies, hábitats o ecosistemas inusuales, poblaciones particulares de especies raras, amenazadas o endémicas, potencial para revertir el daño de la mano del hombre, servir de corredor migratorio o zona de desove y valor histórico, cultural, económico o espiritual para la comunidad».

'Leyenda viva', 'héroe del planeta', 'luchadora de la tierra' son algunos de los otros epítetos que ha recibido por parte de organizaciones como la ONU o medios de comunicación como 'Time'. En 2015 su historia se contó en un documental, titulado 'Mission blue' -como su fundación-, que obtuvo el premio Emmy en la categoría para documentales.

Hasta ayer, Earle no se había pronunciado sobre el reconocimiento que le llega desde Oviedo ni sobre el destino de los 50.000 euros de dotación. Quizás la noticia la haya encontrado bajo las aguas, donde no existe Twitter ni mundo digital. Donde se mueve a gravedad cero entre las criaturas que le deben quizás la vida.

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