Ion Fiz sube a Bob Esponja a la pasarela

Una modelo luce una creación del diseñador Ion Fiz. :: Ángel Díaz / efe/
Una modelo luce una creación del diseñador Ion Fiz. :: Ángel Díaz / efe

Marcos Luengo y García Madrid destacaron en una jornada que cerró Palomo Spain en el Teatro Real

GLORIA SALGADO MADRID.

Marcos Luengo fue el encargado de abrir la última jornada de los diseñadores consagrados en la clausura de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid (MBFWM). El asturiano, arropado por su nutrido ejército de fieles admiradores, encontró la inspiración para su última colección en la obra del artista japonés Tadanori Yamaguchi, presente en su desfile. Quedó impresionado con las placas de aluminio sobre las que aplica lechadas de materias mixtas con polvo de mármol, capas blancas y de colores que, una vez consolidadas, acuchilla con precisión, lo que se llama 'kizamu'. Un huecograbado muy delicado cuyos temas se desarrollan a partir del centro.

Luengo desgrana así su presentación, partiendo del no color hasta llegar al colorido más profuso en terciopelos bordados en hilos de seda y pailletes. Destacaron los elaborados bordados florales sobre prendas de lana cocida a modo de kimono, aunque también tomaron un notable protagonismo sus enormes bolsos en un regreso a sus orígenes.

Una elegancia que dio paso a Ion Fiz. Al ritmo surgido de la mesa de mezclas de Pepino y Crawford, el diseñador mostró dos líneas muy dispares. La primera fue la colección femenina que el vasco ha creado para la firma Smash, con tejidos elásticos de punto, terciopelo y satén en colores lisos junto a un estampado disco inspirado en la estética de la legendaria discoteca neoyorquina Studio 54.

La segunda es una colección cápsula para hombre y mujer inspirada en Bob Esponja, con la figura del chillón y amarillo personaje de los dibujos animados estampada o siluteada en diferentes prendas. Fiz compartió desfile con una Juana Martín que siente que no ha sido valorada en los trece años que lleva en el sector de la moda. La diseñadora cordobesa organizó su propia fiesta, con lúrex y lentejuelas, para dar vida a un complejo juego de volúmenes y siluetas rematadas con flecos y volantes.

Un despliegue de brillos a los que puso final la sastrería García Madrid. La firma, feliz por la forma en la que funcionó su primera vez en la pasarela madrileña el pasado mes de septiembre, dio las pautas para amortizar y combinar la ropa de los armarios masculinos -aunque realiza trabajos a medida para mujer-. Sedas puras, patas de gallo y cuadros vichy para vestir la noche, mientras que el smoking pasa a ser una pieza de día al confeccionarse con cachemir o lana. Un ejemplo de sastrería contemporánea, como rezan ahora sus etiquetas, comercializada a buen precio y confeccionada con materiales de una calidad tan excelente como los que utiliza Miguel Marinero.

Piel y color

Marinero mostraba por segunda vez una colección que no es solo de peletería, aunque las piezas de piel siguen siendo las protagonistas indiscutibles de sus diseños. Los colores de la naturaleza, desde el naranja del amanecer hasta los morados de una noche de tormenta, tiñen sus vestidos lenceros, sus trajes de chaqueta de terciopelo y unos espectaculares abrigos en un sutil juego de texturas, con unos complementos muy bien seleccionados.

Isabel Núñez cerró la sesión con un bonito desfile en el que una orquesta ambientaba su visión de los felices y locos años 20 a través de la mirada de la pintora Tamara de Lempicka. Los colores y sus contrastes recordaban el uso cromático de la pintura art-decó, coloreando lanas, algodones, sedas y muselinas con las costuras dejadas a la vista y los tejidos envolviendo el cuerpo.

Pero la última noche de la pasarela madrileña no terminó en los pabellones de Ifema. Palomo Spain organizó uno de sus famosos espectáculos en el Teatro Real de Madrid. Un desfile al uso, con un carrusel estático amenizado también por una orquesta que permitió apreciar con todo detalle las piezas que ya mostró en París este osado diseñador andaluz. Combina Palomo las piezas inspiradas en la caza con las siluetas sobrias sacadas de los retratos de Velázquez en la corte de Felipe IV, en una muestra de faldones abullonados, corsetería y capas muy en la línea teatral del modisto cordobés.

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