Sierra, siempre en el filo de la navaja

MADRID.

«Es difícil vender una obra de Santiago Sierra, ya sabemos cómo es, pero es uno de los más grandes artistas españoles». Así se refiere Helga de Alvear al provocador y polémico artista madrileño (1966), que vive y crea al filo de la navaja y de quien ayer vendía la galerista su polémica pieza «presos políticos» por 80.000 euros. Él criticó que su obra se censurara, pero el año pasado expuso sin problemas 'El bebedero', una imagen con una esvástica rodeada de ratas.

Muy reconocido internacionalmente, hace ocho años dijo nones al Premio Nacional de Artes Plásticas. Antes, tapió el acceso al pabellón español en la Bienal de Venecia, ocultó la palabra España con bolsas de basura e impidió el acceso a quien no dispusiera de un DNI o un pasaporte español. Creó una cámara de gas en una sinagoga alemana y contrató a prostitutas y emigrantes para denunciar su explotación. «Su obra crítica reflexiona sobre la explotación y la exclusión de las personas y genera un debate sobre las estructuras de poder», decía el acta del fallo del premio que rechazó. Una de sus performances más polémicas fue 'Los penetrados' (2008), en la que un nutrido grupo de parejas de hombre y mujeres de raza blanca y negra practicaban todas las posibilidades de la sodomía ante una cámara. Los «actores» fueron reclutados y pagados por Sierra. También reclutó y pagó en México a un grupo de toxicómanas que se avinieron a tatuarse la espalda y que vieron recompensada su «acción» con estupefacientes. Reacio a hablar con la prensa, se sirve de las redes sociales para difundir unas tomas de postura a menudo tan vitriólicas como sus acciones.

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