La segunda odisea de la casa de la cultura

Sede del Ateneo Riojano en la esquina de Muro de Cervantes en los años noventa. :: e. del río/
Sede del Ateneo Riojano en la esquina de Muro de Cervantes en los años noventa. :: e. del río

El Ateneo Riojano, refundado en 1977 después de cuarenta años prohibido por la dictadura, cumple otros cuarenta como tribuna de las ideas y lo celebra con un ciclo sobre su trayectoria

J. SAINZ

Con su elegante galería mirando a Portales, a Amós Salvador y la Glorieta, la esquina de Muro de Cervantes parece la quilla de una antigua fragata amarrada a puerto; un recuerdo de aventuras más propias de otra época. En cambio, este barco sigue hoy navegando a diario. Como todos los océanos, las de la cultura también son aguas caprichosas: a veces en calma, a veces arrecia la tempestad. Pero el Ateneo Riojano ha permitido hacerse a esa mar a muchas gentes de tierra adentro. Y viajar tan lejos como las lleven los vientos de las ideas. También ha sido y es un faro, una referencia por la que guiarse en la noche. Una atalaya desde la que otear el horizonte. Y, ante todo, una casa para la cultura. La casa de todos.

El Ateneo Riojano, una institución eminentemente cultural fundada originalmente en 1922 y prohibida durante la guerra civil y la dictadura franquista, cuarenta años condenada al dique seco del silencio y el olvido, ha cumplido otros cuarenta desde su refundación en 1977. Y lo celebra con una semana de conferencias sobre su propia trayectoria y la labor que ha desempeñado. También es la ocasión propicia para pensar en el futuro: en tiempos de la popularización de la comunicación virtual y el ocio, la sede de Muro de Cervantes mantiene sus puertas permanentemente abiertas a la libre exposición de ideas y al debate, a la cultura. Su historia, que es también la de esta tierra en el último siglo, no ha sido fácil.

PROGRAMA ATENEO RIOJANO 40/40

Lunes 11 de diciembre
conferencia 'Las caras de Atenea' a cargo de Íñigo Eguaras Barado, profesor de Lenguas Clásicas y especialista en culturas y religiones de la Antigüedad
Martes 12
conferencia 'Un hijo adoptivo de Logroño en el exilio mexicano: Paulino Masip' a cargo de María Teresa González de Garay, profesora de Literatura Hispanoamericana y especialista en la literatura del exilio
Miércoles 13
conferencia 'La 'casa de la cultura'. El Ateneo Riojano durante la crisis española de entreguerras (1922-1936)' a cargo de Carlos Navajas Zubeldia, profesor de Historia y coautor del libro 'El Ateneo Riojano o la casa de todos (1922-1998)'
Jueves 14
conferencia 'Y el Ateneo regresó. El valor social de una institución' a cargo de Sergio Andrés Cabello, profesor de Sociología y coautor del libro citado
Viernes 15
mesa redonda a cargo de Míchel García García (presidente del Ateneo Riojano (durante el periodo 1984-1986), Rosa Herreros Torrecilla (1986-2002), María José Marrodán Gironés (2002-2008) y Piedad Valverde (2008-2016), moderada por el periodista de Diario LA RIOJA Jonás Sainz
(todos los actos de la semana comienzan a las 19
30 h.)

Los pioneros

« La dictadura franquista -dice Carlos Álvarez- pretendió que ni el recuerdo quedase del Ateneo »

En 1922, un pequeño grupo de verdaderos pioneros se empeñó en navegar desde aquel rincón remoto del páramo español decimonónico que era Logroño y aproximarse a Europa. Querían leer, compartir libros, discutir ideas, hacer propuestas de progreso intelectual... Entre ellos estaban el maestro, periodista y escritor Paulino Masip, al abogado Jesús Ruiz del Río, el también maestro Francisco Sanz y el director de laboratorio José María Mato. El empuje de los llamados 'felices años veinte' de entreguerras les animó a emprender aquella aventura.

«Ciudadano -interpelaba el manifiesto que firmarían sus quince impulsores-: Proyectamos la formación de un Ateneo, que sea tribuna de todas las ideas, cuna de todos los sentires; un hogar fraterno y cobijador de todos los hombres y de todas las castas donde sea uno y sentido el amor a la verdad, el deseo de saber, el ansia de renovación; donde los hombres más diversos de condición social, de más distintas ideologías, se junten en un común anhelo de perfección moral e intelectual; donde el hondo respeto de opinar haga compatible el enfrentamiento de los más opuestos conceptos en un cordial ambiente de disquisición; en un sereno y respetuoso debatir».

El 31 de diciembre, en el recordado Café de los Dos Leones, en la entonces calle del Mercado, tuvo lugar la asamblea fundacional, con 86 asistentes, que elegiría a Mariano Cañada primer presidente del Ateneo; Concha Majano como vicepresidenta era prueba de la presencia femenina y la pluralidad, también política, de que iba a hacer gala en adelante «la casa de todos».

En enero de 1923 eran trescientos socios y acabaron el año con más de setecientos en una ciudad de unos treinta mil habitantes. De su integración en la sociedad da idea el hecho de que en 1928 consiguieron adquirir la sede de Muro de Cervantes mediante obligaciones que fueron suscribiendo los miembros. En cinco años se logró una biblioteca de diez mil volúmenes. Se daban cursillos de todo tipo, desde contratación mercantil hasta esperanto, se hacían excursiones, algún concierto y, sobre todo, conferencias, tanto de asuntos netamente culturales como de cuestiones electorales.

Como asegura Carlos Álvarez, su actual presidente, «el Ateneo contribuyó notablemente a crear ese clima de efervescencia cultural» coincidiendo con la época de la Institución Libre de Enseñanza o las Misiones Pedagógicas.

Pero aquella próspera navegación que tan lejos quería llegar no iba a durar mucho. El Ateneo, que no zozobró durante la dictadura de Primo de Rivera y que afianzó su rumbo en la II República, fue prohibido en 1936. Llegó el golpe militar y fue clausurado inmediatamente. Llegó la guerra civil; tocado y hundido. Llegó la dictadura y fue condenado al olvido; muchos de sus bienes, incautados, su sede, cedida a la Falange.

«Muchos miembros del Ateneo fueron duramente represaliados -recuerda Álvarez-. Al menos diez de las personas que habían formado parte en algún momento de su junta fueron asesinadas. Franco no solo quería ganar una guerra, sino eliminar físicamente al enemigo, hacer desaparecer a la media España que no comulgaba con él. Del Ateneo no tenía que quedar ni la memoria. La dictadura franquista pretendió que ni el recuerdo quedase de él».

Cuarenta años después

Y casi lo logró. La guerra y la dictadura supusieron una travesía del desierto casi insuperable. Pero en 1977, cuando España entera empezaba a abrirse de nuevo a las libertades en todos los campos, un grupo de personas volvió a recordar el Ateneo y a reivindicar su biblioteca dispersada. Se unió a ello la necesidad de dotar a Logroño de un punto de encuentro cultural, ya que en aquellos momentos el panorama de la ciudad era francamente escaso: «Tras la muerte del dictador el panorama cultural era más penoso aún que aquel de los años veinte».

La idea de refundar el Ateneo comenzaba a calar en la sociedad. José Díaz Herce y Joaquín Rosell, junto a José María Gutiérrez Sáez, Eduardo Mato Íñiguez y Teodoro Sabrás Farias, fueron los encargados de impulsar el proceso de resucitarlo legal y físicamente, reclamando sus bienes al Gobierno.

No sin dificultades y polémicas, el 29 de abril de 1977 se firmó el acta fundacional del nuevo Ateneo Riojano y el 1 de febrero de 1978 se ratificó la devolución de la biblioteca a sus socios, así como la cesión del piso de Muro de Cervantes.

La nave zarpaba de nuevo. Comenzaba así, cargada de esperanzas y también de incertidumbres, a la par que la Transición, una segunda singladura. Otra odisea ateneísta.

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