SANGRE TRATADA AL AGUA

ALBERTO PIZARRO

Tras sonar clarines con olor a pólvora en Valencia, y perfumados de azahar y cera en Sevilla, el contaminado Madrid está celebrando el serial taurino más largo del planeta (del 8 al 40 de mayo), previniendo el empacho con el eupéptico de las manifestaciones culturales. Y en una de estas es donde intervine José Uriszar, quien expone, al lado de la plaza de Las Ventas, cuadros que reflejan diversos aspectos de la fiesta. Lo hace en un establecimiento donde recalan serísimos aficionados, caprichosos guiris, señoritos calaveras, y mozas muy entendidas en jotas -no de las bailables, sino de las de los jamones- que darían lo que fuera por trajinarse a un torero y poder contarlo en programas de 'sebajólabraga'.

Exponer en Madrid es superar la reválida de artista. Y eso es lo que ha hecho el briguense José Uriszar, a quien lo mismo vemos pintado un mural en plena calle, que enfrascado en diseñar un cartel de fiestas, que afinando con los pinceles en la recoleta tienda que tiene en el cogollo de la capital de vino. Un artista que lleva tiempo desoyendo los cantos de sirena de grandes capitales, al entender que en cualquiera de ellas no alcanzaría la fama que aquí goza. Un hombre al que su confesa falta de valor le impidió intentar ser matador de toros y al que años le han dado fenotipo de picador. Ganamos, pues, un buen pintor.

Uriszar aborda con solvencia cualquier tema plástico. Pese a haber diversificado mucho su producción, hoy es uno de los mejores paisajistas a la acuarela en La Rioja, quizá el más fiel notario plástico de estos pagos. A ello hay que sumar su potencialidad como pintor taurino. De prodigarse más ocupará puesto prominente entre quienes practican tan popular género. Este año ha hecho un cartel para San Fernando (Cádiz) y ha colgado en California algunos cuadros.

Acuarelas, sí. Porque Uriszar tiene oficio, manera plástica, y le importa un ardite que solo unos pocos de los grandes de la pintura taurina (Ruano Llopis, Roberto Domingo y Sanchis Cortés, por citar una terna) las utilizasen. Él logra una luminosidad y unas tonalidades espléndidas.

Quizá debiera de haber incluido más campo bravo-en Madrid gusta- y alguna pintura del sex symbol de la torería, ese que posó semidesnudo con Kate Moss para 'Vogue'. La pintura se estima más cuando el representado es un ídolo, o un torero de buena planta; en los antípodas estéticos de esos macarrillas que se van de la cara del toro con aspavientos enfadosos para el público, exigiendo aplausos, mientras dicen: «¡Vamos ya!». Horteras.

En la Quinta Candela, calle Julio Camba, podremos degustar una chacina ibérica que enajena y los mejores vinos de Rioja, además de gozar los cuadros de toros, que es, junto a gozar/sufrir la corrida, a lo que, entre otros asuntos de envergadura, vamos principalmente a los Madriles. Así que el que tenga veta casticista ya sabe donde ahora se ofrece el 'agasajo postinero' del que hablaba el chotis de Agustín Lara.

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