RITO DE PASO

RITO DE  PASO

JOSU EGUREN

Hoy apenas es el eco de un mal recuerdo pero hace tan solo unos pocos años la lucha contra prácticas como la ablación copaba los titulares de cientos de artículos menos interesados en desentrañar las raíces antropológicas de un tradición atávica que en encender el foco del sensacionalismo teñido de xenofobia. A ninguna persona cabal se le escapa que miles de mujeres siguen siendo víctimas de la mutilación genital, aunque sus gritos de sufrimiento hayan quedado ahogados por la distancia y la ola de repliegue ideológico y cultural de occidente frente a urgencias más próximas como la crisis y el terrorismo yihadista. Resulta paradójico pero tengo la impresión de que no habíamos estado tan lejos de África desde que las metrópolis abandonaron los últimos enclaves colonialistas, de ahí que 'La herida' produzca un efecto de contraste tan incómodo en el espectador que atiende al rito de paso al que son sometidos un grupo de adolescentes sudafricanos, circuncidados salvajemente como parte de un proceso de eclosión hacia la madurez en el que el dolor de la escarificación simboliza el ingreso en la edad adulta.

En ese contexto dramático, sobrecargado por una relación homosexual a tres bandas entre dos tutores y uno de sus pupilos, podemos elegir entre cuestionarnos el sentido de este ritual o reflexionar sobre el significado de la masculinidad y las condiciones socioculturales que la definen. Si lugares comunes como la obligación de proteger y proveer, el monopolio de la violencia y la sexualidad heteronormativa y viril son puestos en solfa por los protagonistas de 'La herida' es porque este es un problema transversal que afecta a personas que desde la otredad reflejan inquietudes idénticas a las nuestras. Ese el gran valor de la opresiva opera prima de John Trengove que desde lo local abarca lo universal acercando dos mundos culturalmente antagónicos.

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