«Hemos hecho un ridículo total, una estupidez como una casa»

Fotografías del alemán Thomas Ruff en la pared de la que se retiró la obra de Santiago Sierra. /  MAYA BALANYA
Fotografías del alemán Thomas Ruff en la pared de la que se retiró la obra de Santiago Sierra. / MAYA BALANYA

Helga de Alvear asume el error y acepta las disculpas de Ifema, que no ve censura en su solicitud para retirar de ARCO la pieza de Sierra

MIGUEL LORENCI MADRID.

«Vamos a reírnos. Todos hemos hecho el ridículo. Y yo la primera. Hemos hecho una estupidez como una casa». La galerista Helga de Alvear (Kirn, Alemania, 1936) entonaba así ayer por la mañana su particular 'mea culpa' tras conocer que Ifema se disculpaba por haberle solicitado 24 horas antes la retirada de la obra de Santiago Sierra 'Presos políticos en la España contemporánea', petición a la que ella se plegó. Negaba Ifema haber ejercido la censura y dejaba en manos de Alvear la posibilidad de volver a colgar la polémica obra en su espacio de ARCO. Algo muy improbable, toda vez que la controvertida pieza se había vendido por 96.000 euros en la víspera a Tatxo Benet, periodista, empresario y socio de Jaume Roures en Mediapro, que la expondrá en Lérida. «Si quieren, que la cuelguen quienes la descolgaron», replicó De Alvear a Ifema.

Lejos de calmarse, el 'tsunami Sierra' inundaba de nuevo el certamen en su segunda jornada, después de haber traspasado fronteras y llegar a las páginas de los grandes diarios internacionales. En la misma jornada en la que los Reyes inauguraban la 37 edición de la feria de arte contemporáneo, la polémica se sobrepuso a la visita real. Dio pie a que no se sumara a la inauguración oficial Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, que justificó su ausencia como gesto de protesta, pero quiso dejar claro que su decisión no era «un desaire a los Reyes».

«Lamentamos y pedimos sinceras disculpas ante la controversia producida a consecuencia de la petición a una galería de la retirada de una obra, que en ningún caso perseguía ejercer ninguna censura a la creación, aún cuando la percepción pública haya sido ésta», decía la nota de disculpa de Ifema, que no mencionaba ni a Helga de Alvear ni a Santiago Sierra.

Firmada por Clemente González Soler, presidente del Comité Ejecutivo de la institución ferial, su texto fue consensuado por todas las instituciones que la conforman: Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, Cámara de Comercio y Fundación Montemadrid.

«No hubo mala fe en esta acción», dijo Ifema. «Aceptamos las críticas recibidas, comprendiendo que debemos evitar en el futuro cualquier circunstancia de esta naturaleza», agregaba la nota, remitida a las 208 galerías presentes este año en la feria, sin país invitado en esta edición y consagrada a un futuro que se llena de nubarrones con esta polémica. Sin aceptar que se hubiera ejercido la censura, la dirección de Ifema expresaba así su propósito de enmienda «ante el malestar que haya podido generarse».

Recordó Ifema que «el único órgano competente en la evaluación de los contenidos de ARCO es su Comité Organizador». Un órgano ejecutivo en el que figura Carlos Urroz, director de la feria desde hace ocho años, que juzgó «malísima» la decisión de solicitar la retirada de la pieza de Sierra, y de una decena de galeristas nacionales e internacionales entre los que no está Helga de Alvear.

«Acepto las disculpas. Se deben haber dado cuenta del ridículo total que han hecho», reiteraba una Helga de Alvear «tan asombrada que ni me lo creo». La galerista de origen alemán no tenía, a primera hora de la tarde de ayer, la intención de volver a exponer las 24 fotos pixeladas de la obra de Sierra con retratos de los que el provocador artista madrileño considera «presos de conciencia» -entre ellos Oriol Junqueras y los 'Jordis'- en la pared de la que fueron desalojados en la víspera y que pasaron a ocupar cinco fotos de Thomas Ruff.

«Que quienes han quitado la pieza la vuelvan a poner si quieren. La obra está vendida y me da igual», declaró Helga de Alvear. «Lo dejamos estar y punto. Arte es arte», agregó, confirmando que no había hablado con Sierra, pero que sí lo había hecho con Clemente González Soler. «Me llamó anoche y me invitó a cenar, pero yo estaba en mi casa y ya había cenado», dijo irónica. Sí quiso la galerista destacar el papel de la alcaldesa Carmena, «que ha pedido que la obra se vuelva a colgar».

«La pieza ha dado el juego que debía dar y ha sido desorbitado. La normalidad es imposible y ya es suficiente», reconocía uno de los miembros de la galería, sugiriendo de nuevo que ya era improbable ver la pieza en su estand. Confirmó que se habían vendido casi la totalidad de los 500 folletos con los 24 rostros de la discordia, a razón de diez euros la pieza. «¡Qué buen chiste habría hecho Forges con esta ridícula bronca!», se oyó decir a un visitante a la galería que acaparaba tanta atención mediática, recordando al genio de la viñeta y el humor gráfico fallecido pocas horas antes.

Los reyes don Felipe y doña Letizia recorrieron durante más de una hora los pabellones 7 y 9 de Ifema y se detuvieron en una quincena de galerías, pero no ante la de Helga de Alvear, que quedó al margen de su recorrido. Allí hacían guardia decenas de cámaras de televisión, informadores y fotógrafos ante la expectativa del regreso de los «presos» a una pared a la que alguien se refirió como «el muro de la vergüenza».

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