DONDE TODO REVERDECE

JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Por algo es verde el color de la esperanza. Mientras quede una semilla, habrá un bosque posible. Mientras un niño juegue con la tierra, habrá una tierra por sembrar. Mientras sigamos contándonos historias, habrá algo para recordar y un futuro que imaginar.

Diez años lleva La Maquiné sembrando teatro y cada vez su árbol da una sombra más fresca y un aire más necesario. Sus flores son siempre hermosas y sus frutos, pura poesía. Y con 'Historia de una semilla' su mensaje es una lección de arte y ecología que se aprende con la ternura de los cuentos y la risa de los juegos.

Como en 'El principito', la esperanza, la pérdida, el trabajo, el compromiso, la amistad y la felicidad labran esta 'Historia...' sencilla y cargada de ilusión. Un aviador que recuerda al pequeño príncipe que cultivaba rosas y baobabs se ocupa de recolectar semillas por todo el mundo para repintar de verde un planeta azul cada vez más negro. Las conoce a todas y sabe dónde injertarlas: la del haya necesita más humedad que las otras; a la del álamo le gusta cerca del río; la del pino gris, como es tan dura, soporta mejor el rigor de la montaña; en cambio la de la encina requiere mucho cariño... Todas tienen su lugar y su función. Un día, al regresar al bosque, el aviador lo encuentra talado y se empeña en reforestarlo. Con la ayuda de su fiel Bruto, la oveja Blanquita y una nube capturada a lazo, el pequeño guardabosques devolverá su hogar a la tímida Niña Encina y al travieso Bú. Y, estación tras estación, tendrá que protegerlo de la basura de los humanos y del terrible fuego...

Mediante la técnica del teatro negro hecho con mimo y detalle, La Maquiné despliega en escena todos los colores posibles de la luz para invocar la magia de las emociones. Como en 'El bosque de Grimm', 'La casa flotante' o 'El pájaro prodigioso', el espectáculo de Joaquín Casanova y Elisa Ramos destaca por su lenguaje visual y musical. Con el piano de autores contemporáneos del estilo de Álvaro Guijarro, la música suena como voz de la naturaleza, mientras los personajes que la habitan, ya sean de carne y hueso o de madera tallada, danzan en una dimensión estética y emocional.

Igual que el librito de Saint-Exupéry, La Maquiné apela a la imaginación, a la inteligencia y al sentido crítico de los niños. Pero también apela a los adultos, esos alcornoques. Las personas mayores no son capaces de comprender estas cosas por sí mismas y es muy aburrido para los niños tener que darles explicaciones una y otra vez. Pero, aunque pocas lo recuerdan -decía el Principito-, todas las personas mayores fueron niños primero y el teatro así les rejuvenece. Recobrar esa semilla oculta en lo más profundo hace reverdecer la esperanza.

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