La reventa se ataja con nombre y apellido

El guitarra y vocalista James Hetfield y el batería Lars Ulrich, en su último concierto en Madrid. :: efe/
El guitarra y vocalista James Hetfield y el batería Lars Ulrich, en su último concierto en Madrid. :: efe

Los expertos piden entradas nominativas para los conciertos, una nueva ley y más información

I. ESTEBAN / D. ROLDÁN BILBAO / MADRID.

Las 16.000 entradas para el concierto de U2 del próximo 20 de septiembre desaparecieron en apenas diez minutos, nada más salir a la venta el 26 de enero. Semejante velocidad puso bajo sospecha a los 'bots' o motores informáticos de las páginas de reventa, capaces de comprar centenares de entradas para colocarlas luego a un precio superior.

La reventa presencial se prohibió por ley en 1982. Pero, como no se ha actualizado, estas plataformas navegan por un vacío legal que les resulta muy cómodo. A raíz del escándalo con los tickets de U2, el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, solicitó al del Interior, Juan Ignacio Zoido, la apertura de una investigación para saber si las ventas meteóricas se debieron a los 'bots'. Algo se mueve en el terreno de la acción política, pero los afectados llevan años pidiendo soluciones.

Los promotores musicales se quejan de que los revendedores no aportan valor al negocio de los conciertos. Al revés, lo quitan si se piensa que quien paga 200 euros por un evento podría haber ido a tres de megaestrellas pagando el precio oficial. ¿Qué se puede hacer para evitarlo? ¿Entradas con el nombre y el DNI del asistente? ¿Actualizar la legislación? ¿Más información para que los usuarios se dirijan a las páginas oficiales? La respuesta es sí a las tres.

Estas webs salen las primeras cuando se teclea en el ordenador «entradas U2» y el buscador lista los resultados. Aunque los precios sean elevados, mucha gente los toma por buenos. Reventa no significa que las entradas se hayan agotado, sino que esos portales se han hecho con un buen número de ellas y las sacan más caras al mercado.

«Es lo que más rabia me da, que la gente pague 70 cuando podría haber pagado 35 en el mismo momento si la compra se hubiera realizado en la página oficial. Hacen falta campañas de información para que sea el propio aficionado el que limite estas prácticas. El canal oficial es siempre el más barato y el más seguro», argumenta Iñigo Argomaniz, director de la promotora vasca Get In, artífice de los conciertos en San Sebastián de Bruce Sprinsgsteen, U2, además de giras como las de Joaquín Sabina y Pablo Alborán.

Una solución son las entradas nominativas, con el nombre y el DNI del comprador. Funcionó en la actuación de The Rolling Stones en Barcelona, el pasado septiembre, y en la de Metallica del martes pasado en Madrid. Como remedio, tiene contraindicaciones. Quienes no pueden ir al concierto, tienen que acompañar hasta la puerta a la persona a la que ha dejado o vendido el ticket para verificar su identidad.

Desde el punto de vista de la seguridad, el responsable en esta materia de espacios como el WiZink y del Teatro Real, Rafael Cana, explicó en el último BIME -congreso cultural- que la entrada nominativa evitaría las falsificaciones, ahora muy fáciles de hacer. Basta con comprar un ticket por internet e imprimir cuantas veces se quiera. Pero sólo uno, el primero que acuda, pasará al concierto. «He visto a muchas niñas que han ido a ver a sus ídolos, se han gastado un dinero y se han quedado llorando en la calle», denunció Cana.

«Necesitamos una regulación ya. No estoy en contra de un sistema oficioso en internet por el que puedas vender tu entrada si no puedes acudir al concierto, más ahora, cuando abrimos la venta con meses de antelación. Lo que no podemos permitir es que haya gente que se esté forrando con los abusos. Es muy peligroso», razona Argomaniz.

«Si unos parásitos especuladores, que no aportan nada a la música, obtienen unos ingresos descomunales engañando a los consumidores, está claro que todo el mundo pierde menos los piratas de las webs de reventa», añade con contundencia Gabriel Rossy, abogado de la Asociación de Promotores Musicales. «La reventa especulativa se basa en estafar a los consumidores, engañándoles sobre la fiabilidad y la validez de las entradas, ocultándoles que muchas veces están anuladas, duplicadas o falsificadas. Para empezar, habría que castigar penalmente a los estafadores. Pero, además, es conveniente una regulación que dé transparencia para que los consumidores sepan a lo que se exponen al comprar en la reventa», argumenta Rossy.

«El real decreto y las normas autonómicas al respecto han superado con creces a la norma», añade el portavoz de OCU, Enrique García, que aboga por una regulación «clara y transparente». «Lo más importante es que se legalice. El 90% de las entradas son electrónicas», recuerda la presidenta de la Asociación Nacional de Ticketing (ANT), María Requena.

«Es necesario definir la ley, que quede claro quiénes son, que están autorizados y que el derecho de desistir (las devoluciones de las entradas) quedan asegurados», comenta García. «En Estados Unidos, el mercado principal y el secundario están perfectamente regulados y son habituales. Todo el mundo sabe cuánto cuestan las entradas y las normas son muy claras», explica Requena.

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